Recuento de moradas 7

Interrumpidos mis estudios, me había consagrado a la cría de aves de corral –ignorantes todos de que el plumón de aves era una de las causas mayores de mi enfermedad. Tenía una pequeña granja cuyas incubaciones alcanzaban una producción de quinientos pollos al año, a pesar de las incursiones nocturnas de hurones y serpientes en los gallineros. De aquel tránsito bucólico me ha quedado una añoranza, traducida en tenaz emoción, cuando, andando por alguna ciudad, me topo con alguna tienda de implementos avícolas.

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