Recuento de moradas 4

París otra vez, donde se ha instalado mi abuela, hace poco, en un apartamento de rotonda, en la esquina de la Avenida Víctor Hugo y la Rue de la Pompe. Mi padre ha resuelto esperar aquí el resultado de su enredo legal con los negocios petroleros del abuelo, que han quedado allá, entre mahometanos, armenios y cosacos, al cuidado de un bufete ruso, leguleyo y tramposo, vulnerable a cualquier soborno, donde los casos se llevan lentamente en torno al samovar.

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