Recuento de moradas 11

La redacción1 de La Discusión estaba situada en una hermosa casona colonial del siglo XVII, con un estrecho patio sombrado de palmeras y malangas, situado frente a la Catedral de La Habana. Allí trabajaba, solo, escuchaba el sordo rumor de los linotipos que estaban instalados en una nave aledaña, a altas horas de la noche, cuando habían terminado las funciones teatrales que me tocaba reseñar. Se me había asignado una mesa, situada en la biblioteca que se adornaba de retratos al óleo de mártires y precursores de la independencia cubana.

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