Atención: premiado estudio sobre el pensamiento cultural de Alejo Carpentier

El otorgamiento del Premio de la Crítica al texto Alejo Carpentier: la facultad mayor de la cultura, de Luis Álvarez, publicado por Ediciones ICAIC y copatrocinado por la Fundación que lleva el nombre del autor de El siglo de las luces, constituye un justo reconocimiento a esta obra signada por un alto rigor investigativo.

Impulsado por su inconformidad ante la desatención crítica en que ha permanecido el pensamiento cultural cubano acerca de la isla así como de América Latina en nuestro país, Luis Álvarez se propuso recorrer en este volumen las reflexiones de Alejo Carpentier sobre la cultura del subcontinente por considerar que esta faceta de su quehacer es uno de los elementos primordiales que lo definen como un intelectual orgánico, atento a su tiempo, a su sociedad, a su cultura.

Los textos del joven Alejo, el ensayo La música en Cuba (1946), la columna periodística «Letra y Solfa» y el Diario, que escribió en los años cincuenta, el cuaderno ensayístico Tientos y diferencias (1964) y el neobarroco, sirven de pautas en Alejo Carpentier: la facultad mayor de la cultura para examinar la evolución de las concepciones sobre la cultura del narrador y periodista, atendiendo a perspectivas y asuntos, aristas y gradaciones, avances y logros.

Ya en el segmento inicial del volumen, Álvarez se empeña en realizar un panorama de los enfoques culturológicos que, con un sentido moderno, a partir del siglo XVIII, realizan los creadores de la Ilustración, muchos de los cuales desarrollaron concepciones discriminatorias y tergiversadas sobre América Latina, en tanto tomaban como punto de referencia el modelo cultural europeo. En esa pléyade de pensadores destaca la obra de Johann Gottfried von Herder, considerado el creador más orgánico que «se atreve a defender la esencial igualdad cultural de las distintas sociedades y en particular de América».1

Asimismo, repasa varios textos del joven Carpentier escritos entre los años 20 y 30, en los cuales percibe un conjunto de consideraciones significativas. Entre ellos, Álvarez observa que a partir del año 1929 en sus textos sobre música se trasluce una meditación más abarcadora hacia la realidad cultural latinoamericana, mientras destaca el año 1931 como el momento en que la tradición se convierte ya en un componente sistemático de la reflexión de Carpentier sobre la cultura.

También, subraya el investigador camagüeyano la aseveración del autor de Los pasos perdidos acerca de la inconsecuencia de justipreciar las culturas latinoamericanas teniendo en cuenta los patrones de Europa y revela el impulso que tomó la cavilación del narrador sobre la cultura a partir de los rasgos identitarios, luego de los viajes que realizó a España. Se ocupa también en esta sección del libro de identificar la semejanza entre algunas ideas de Carpentier y las posturas de los autores de la Escuela Annales, corriente historiográfica que para la interpretación de la historia empleó el aporte de otras ciencias sociales.

El segundo segmento del libro se centra en La música en Cuba, ensayo que Álvarez, además de considerar un panorama de la historia de la música en la isla, interpreta como un recorrido por el proceso de formación de la cultura cubana. La música en Cuba forma parte, para el investigador, de «una renovación de las ciencias sociales en general, y de los estudios sobre la cultura y artes en particular».2 Por ello, observa en el ensayo la intención del novelista de «interpretar críticamente los fenómenos de la cultura desde un punto de vista que tuviera en cuenta los vínculos profundos de todo hecho cultural con la estructura y modelación de la sociedad que lo ha producido y contextualizado»3; anota encontrar en sus páginas «la perspectiva de la transculturación como impulsora para consolidar la cultura insular»4 y afirma la asunción en el texto del carácter mestizo de la nación.

No menos interesante, son las ideas afines que establece Álvarez entre La música… y los presupuestos de destacados representantes de la semiología como Umberto Eco, así como la similar perspectiva en el tratamiento de ciertos temas -las tradiciones africanas de los negros esclavos- en La música en Cuba y la utilizada posteriormente por los estudios postcoloniales.

Los años 50 fueron de gran productividad creativa en el quehacer de Carpentier. De la etapa, considerada por Luis Álvarez de profundización del pensamiento cultural del novelista, distingue para su análisis la columna periodística Letra y solfa y el Diario, documentos de recepción pública e íntima respectivamente. El investigador estudia en uno de sus artículos de Letra y solfa, que Carpentier, tras una interesante lectura de El diablo cojuelo, de Luis Vélez de Guevara, realiza un paralelo entre el tono de vida del siglo XVII y su contemporaneidad, para establecer nexos por encima del espacio y el tiempo, un procedimiento recurrente en su poética.

En otro texto de la misma columna de El Nacional, a propósito de un aniversario de la toma de La Bastilla, reflexiona acerca de la posibilidad de que un hecho histórico pueda ser analizado por sus consecuencias para la cultura, lo cual significa «un giro original y agudo en la perspectiva carpenteriana sobre la cultura».5 También, en los textos de Carpentier de esos años, observa que el interés por la definición cultural de la región latinoamericana alcanza una relevancia primordial; se acentúa el carácter axiológico de su pensamiento sobre la cultura y reflexiona acerca del acelerado crecimiento de las grandes ciudades latinoamericanas generadoras de una especificidad cultural. De igual manera, en sus artículos ocupa una atención constante las particularidades del folclor urbano, al tiempo que reclama a la narrativa latinoamericana establecer un vínculo más profundo entre la expresión literaria y las realidades culturales y materiales del subcontinente, entre otros aspectos.

Publicado en 1964, en plena etapa de madurez, el cuaderno Tientos y diferencias representa para Álvarez un punto de giro en el pensamiento cultural de Carpentier, caracterizado por la consideración de que la identidad cultural solo puede establecerse por los procesos de diferenciación. A la par percibe en estos ensayos, entre otros temas, el empleo de una perspectiva crítica en los análisis sobre el folclor, un interés por focalizar el nexo de Latinoamérica con la cultura española, cuestión abordada tangencialmente en las etapas anteriores, el convencimiento que la identidad cultural no es un concepto teórico, sino activo y participante y la convicción de que la historia de América debe ser estudiada en su unidad, como un todo interrelacionado.

En las páginas dedicadas a la visión carpenteriana del neobarroco, Álvarez se empeña en examinar el surgimiento y devenir del barroco histórico y precisa el momento en que desde distintos puntos de Europa, Estados Unidos y América Latina comienza la conceptualización del neobarroco en los siglos XX y XXI. Igualmente, señala a Alejo Carpentier, José Lezama Lima y Severo Sarduy como los verdaderos iniciadores de la reflexión latinoamericana sobre el neobarroco.

Tras un detallado análisis, Álvarez asevera que el barroco para Carpentier no es «una actitud exclusivamente estética, sino de una visión del mundo y la cultura humana, de la cual se deriva su personal consideración de Latinoamérica y su cultura».6 Enjundiosas y profundas, la meditación de Luis Álvarez sobre el neobarroco significa un sustancial aporte a los estudios sobre el tema.

Sobresale asimismo sin dudas la exposición de préstamos y coincidencias entre la producción del escritor y un grupo de teorías y tendencias de diversas especialidades de las ciencias sociales que ilustra la diversidad de fuentes disciplinarias que nutrieron el pensamiento del autor de El reino de este mundo, así como su acendrado sentido de actualización. Igualmente, resulta válido destacar las valoraciones que aparecen de títulos de Carpentier, como es el caso de las consideraciones sociológicas que realiza sobre Cuba y el Caribe en las primeras décadas de la pasada centuria, presente en ¡Écue-Yamba-Ó!, un aspecto muchas veces no tomado en cuenta por los estudiosos de esa narración.

Los puntos de contactos entre obras y autores cubanos constituyen otro aspecto expuesto en este libro digno de destacar. Así ocurre con el paralelo en que Álvarez se empeña entre La música en Cuba, de Carpentier y Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier, obras que por igual se proponen recorrer el devenir cultural de la nación desde sus respectivas expresiones artística y literaria. En igual línea, se encuentra la convergencia que establece entre la producción de Martí y Carpentier, tema poco abordado. Por todos esos valores, merecido es entonces el otorgamiento del Premio de la Crítica para Alejo Carpentier: la facultad mayor de la cultura, de Luis Álvarez, una obra de consulta imprescindible para todo el estudioso o interesado en la cultura cubana.

 

1 Luis Álvarez: Alejo Carpentier: la facultad mayor de la cultura, Ediciones ICAIC, p. 27.

2 Ibíd., p.129.

3 Ibíd., p.131.

4 Ibíd., p.153.

5 Ibíd., p. 181.

6 Ibíd., p. 312.

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA

Esta pregunta es para comprobar que usted es un usuario humano.

Image CAPTCHA

Datos de Contacto

Presidencia e Investigación

Calle E #254 entre 11 y 13, Vedado, La Habana, Cuba CP 10400

Teléfonos: (+53) 7 832 7186, (+53) 7 833 4155, (+53) 7 833 4170, (+53) 7 835 0078

Promocional y Cultural

Empedrado No. 215 e/ Cuba y San Ignacio, Habana Vieja, Habana 1 CP. 10 100

Teléfonos: (+53) 7 861 3667, (+53) 7 861 5506