Los secretos de una biblioteca

La Fundación Alejo Carpentier conserva la biblioteca personal del escritor cubano. No son todos los libros que alguna vez pasaron por sus manos. Nómada como fue, tuvo que abandonar, en los sucesivos traslados de un país a otro, numerosos volúmenes que adquirió en sus recorridos por las librerías, que le llegaron por gentileza de los autores o que buscó por necesidades de sus trabajos de investigación. Preservamos, por tanto, las obras que se fueron acumulando en su residencia habanera en razón de un criterio de selección bien definido y de circunstancias azarosas. Entre ellos, muchos contienen marcas y anotaciones que ofrecen claves reveladoras para indagar acerca del proceso de creación de su narrativa. Debidamente organizados, los textos están a la disposición de los estudiosos del autor de Los pasos perdidos. Todo parece indicar que en alguna etapa de la elaboración de El siglo de las luces, Carpentier se planteó situar el desenlace en el Madrid de la invasión napoleónica. Como la mayor parte de sus coetáneos, debió haber leído a Galdós en sus años juveniles.

No por azar, sino con pleno conocimiento de causa, en la década del cincuenta, cuando estaba en pleno proceso de elaboración de El siglo de las luces, Carpentier parece haber sentido la necesidad de acudir a los Episodios nacionales de Pérez Galdós. En efecto, un modesto ejemplar del Dos de mayo, publicado en 1951 por la conocida Colección Austral de Espasa Calpe Argentina., aparece en su biblioteca en bastante mal estado de conservación. Las marcas de los dobleces reconocibles en las esquinas de algunas páginas revelan una lectura atenta, presidida por un claro propósito. El escritor cubano se detiene en los aspectos del relato referidos a la insurrección popular y a lo que hubo en ella de espontáneo y raigal.

Vale la pena recordar que la historia narrada por Galdós comienza en Aranjuez con una primera revuelta, estimulada por grupos de poder que aspiraban a la sustitución de Carlos IV y su valido Godoy, el príncipe de la paz por el futuro Fernando VII. En verdad, la familia real está preparando la huida. El narrador de los hechos, envuelto en los truculentos acontecimientos vinculados a sus amores contrariados, se traslada a Madrid, donde a poco habrá de producirse la entrada triunfal del infante Fernando. Ante la multitud expectante concentrada en las calles de Madrid, se impone, por el contrario, el desfile de las tropas bonapartistas francesas. Ante la presencia del invasor, se desencadena un brusco viraje. Hombres y mujeres, Galdós subraya el protagonismo de estas últimas, que reaccionan con las armas que tienen a su alcance. Hay unos pocos fusiles, pero abundan cuchillos, navajas y piedras. Sin parar mientes en la asimetría evidente entre un ejército entrenado y dotado de los más avanzados recursos de la época, la masa apela a lo poco que tiene. Al combate desigual, se sumarán los fusilamientos ejemplarizantes, con sus víctimas tomadas al azar en los conglomerados que incluyen ancianos, mujeres y hasta niños. En su descripción del horror al estado puro, el novelista español se cuida de evocar las imágenes del afrancesado Goya. Tocará a Carpentier recordar, evocando al pintor, que la razón puede engendrar monstruos.

Los artículos publicados en “Letra y Solfa”, la columna que Carpentier mantuvo durante años en El Nacional de Caracas, el periodista se detiene en autores y obras que ilustran el acontecer más significativo en ese tiempo. Evoca en ocasiones los descubrimientos insólitos hechos en sus frecuentes recorridos por las librerías. Su Diario revela lecturas asociadas a inquietudes más íntimas de pensador que nunca renunció a interrogarse sobre el sentido de la vida. La suma de ambas vertientes nos remite a la existencia probable de una biblioteca que debió alcanzar una dimensión enorme, destinada a satisfacer las demandas de un lector insaciable, capaz de regodearse con el kistch de las crónicas sociales que repasaba en los periódicos habaneros conservados por la Biblioteca Nacional. De ese universo inabarcable, la biblioteca personal que ahora conserva la Fundación Carpentier, atestigua marcas reveladoras de las búsquedas exigidas por el oficio del narrador en los tanteos que acompañaron a su obra de creación. Tienen, por ello, un valor inapreciable para el investigador ambicioso tentado por la voluntad de escapar a la reiteración de lugares comunes.

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