Carpentier: el arte de ensayar

La reciente publicación de Ensayos, de Alejo Carpentier bajo el sello editorial Letras Cubanas constituye una grata noticia para los lectores y estudiosos de la obra del autor de Los pasos perdidos. El volumen, que incluye dos ensayos inéditos así como algunos textos que no aparecían en la anterior recopilación de sus trabajos ensayísticos, propone una relectura, entrado el siglo XXI, a preocupaciones y obsesiones presentes en la producción de Carpentier desde sus inicios. A continuación ponemos a disposición de los lectores “Memorias de un subsuelo”, texto de Graziella Pogolotti que sirve de pórtico a esta selección.

Memorias de un subsuelo

Por Graziella Pogolotti

Aunque se acomodara en su biblioteca, Michel de Montaigne era hombre de andar a caballo. Desde lo alto de la bestia, se situaba en una perspectiva privilegiada para observar el mundo mientras iba encontrando su brújula personal. Libre de ánimo belicoso, le tocaron tiempos difíciles. Era una época de crisis, vale decir, de cambio. Francia se había desgarrado en implacables guerras de religión que atravesaron la sociedad en su conjunto, desde la más alta escala del poder hasta el universo numeroso de los artesanos. De una y otra parte primaban dogmas de distinto signo, verdades alguna vez reveladas, ahora sometidas a contrapuestas lecturas. Humanista de cuerpo entero, lo fue no solo por su dominio de la herencia greco-latina, sino también por el desplazamiento radical de su pensamiento hacia el predominio de una subjetividad crítica, ajena a cualquier sacralización de los textos. Una vez más, el hombre era la medida de todas las cosas. El pensamiento se formaba en el entrecruzarse de lo aprendido en los libros y las enseñanzas tomadas de la vida. Ese diálogo rompía las estructuras rígidas, cristalizadas a modo de silogismos, para moverse con libertad de acá para allá. Como quien abandona las riendas del animal, inventó un género inapresable, de movimiento sinuoso y encuentros sorprendentes. Soslayó la grandilocuencia de los tratados para dedicarse modestamente a ensayar.

Prosa reflexiva, despojada de convenciones retóricas, el ensayo desborda también las fronteras estrechas establecidas por las disciplinas científicas que se formalizaron a partir del siglo XIX. Emerge con mayor fuerza en períodos de crisis, cuando acechan las interrogantes en la conciencia del sujeto comprometido con una realidad contradictoria y cambiante, que reclama un ajuste de perspectivas. Ha tenido por ello un peso considerable en una América Latina apremiada por las necesidades de construcción y cambio, siempre en la intersección de conflictos políticos, económicos, sociales, cercados todos por el replanteamiento de definiciones en torno al sentido de la cultura.

Al igual que Montaigne, Carpentier había disfrutado el andar a caballo. De vuelta a Cuba tras una década de estancia en París, salió en búsqueda de los paisajes de su infancia. No logró reconocer los sitios de antaño hasta que, desde el lomo de una bestia, rescató la perspectiva perdida. Narrador, musicólogo, periodista, no reconoció explícitamente el carácter ensayístico de una zona de su quehacer literario. Sin embargo, el conjunto de su obra revela la continuidad de una dimensión reflexiva. En carta a su madre, con motivo del envío de algunos ejemplares de ¡Écue-Yamba-Ó!, expresa dudas en cuanto a la recepción que habrá de tener por parte de sus amigos cubanos, en razón de la naturaleza híbrida de su novela, acentuada por la inclusión de fotos documentales. La noción casi premonitoria de conceptos que habrán de desarrollarse más adelante permanecerá como apunte aislado, intuición precoz del entrecruzamiento de los géneros. Anuncia asimismo una orientación situada en el lindero difuso entre culturología y antropología. Mucho más tarde, al situar sus trabajos múltiples en un camino de medio siglo, estará acentuando la perspectiva procesual de un laboreo en permanente construcción, crecido entre los embates de una época convulsa de guerras y revoluciones abarcadoras de lo social y lo artístico, de interdependencia entre el reconocimiento de lo particular “nuestramericano” y los acontecimientos que sacudían el resto del mundo.

La perspectiva procesual de la cultura se advierte en Carpentier mucho antes de su formulación en la teoría de los contextos, término tomado de Sartre, aunque planteado desde su experiencia de novelista. Se revela en una conciencia casi obsesiva de pertenencia a una generación de ruptura y recomienzo. Para dar cauce a las interrogantes derivadas de esa selva generadora, intentó infructuosamente escribir una novela titulada El clan disperso. Muy involucrado en lo intelectual y en lo emocional en la aventura del minorismo, no alcanzó a fraguar una perspectiva que funcionara como hilo conductor. En ese regreso a los orígenes la metáfora del viaje a la semilla lo persiguió desde siempre.

La presente selección de Ensayos propone una relectura de la prosa reflexiva de Carpentier. Asumimos un punto de vista procesual, al margen de la función que coyunturalmente adoptaran algunos textos. Para recoger con la mayor integralidad el devenir de un pensamiento, incorporamos algunos sobre temas musicales poco divulgados que abordan cuestiones de orden histórico y estético. La recurrencia de los asuntos tratados se reconoce en una espina dorsal de inquietud americana, muchas veces en diálogo implícito con su novelística. En instantes definitorios, el intelectual Carpentier toma posición respecto a los grandes conflictos de la época, sin abandonar, aun en estos casos, el anclaje en la problemática cultural. Rescatar y seleccionar este repertorio de textos ha sido tarea tan delicada como andar sobre el filo de una navaja. En la guía para el descarte se ha tenido en cuenta estimular el interés del destinatario potencial, especialista en la obra de Carpentier, lector gustoso de sus textos o curioso explorador de los grandes temas de nuestra América. La hibridez congénita del ensayo impuso muchas interrogantes. Numerosas crónicas del autor de El reino de este mundo se animaron con una mirada preñada de subjetividad. Surgieron de una poética integradora en permanente proceso de construcción. Obedecieron a similar impulso convocante. Al volver a repasarlas, algunas mostraron con vida propia su aproximación casi natural a otros trabajos de vecindad temática que iba configurando por gravitación, nuevos proyectos editoriales. Renuentes a pecar por exceso, optamos por una selección orientada a mostrar las nervaduras secretas del pensamiento de Carpentier con sus idas y venidas, con sus contradicciones, con la dura tarea de ir precisando ideas a través de la continuada maduración. Aparece algún que otro boceto, germen de empeños de mayor aliento; se incluyen también dos ensayos inéditos. Por la singularidad del punto de vista, aparecen notas para catálogos, olvidadas hoy, pero iluminaciones fulgurantes que sorprenden todavía.

El presente conjunto de ensayos es el resultado de un trabajo en equipo1 entregado a la relectura, el análisis y el debate orientados a destacar las líneas fundamentales de un pensamiento donde prevalecen obsesiones, cambios condicionados por la apertura hacia horizontes cada vez más amplios y por el influjo del quehacer literario del escritor en tanto narrador y periodistas. Esta selección condujo a diseñar un arco casi perfecto que va desde la intervención del todavía muy joven Carpentier en la polémica sobre el meridiano intelectual de América, hasta el intenso diálogo de su poética con la de Saint-John Perse, ambos caribeños, situados entre el acá y el allá, marcados por el signo del agua.

La polémica sobre dónde situar el meridiano intelectual de la época en el mundo hispanoamericano tuvo su origen en las páginas de la Gaceta Literaria de Madrid en la que, en un pretendido rescate de la hispanidad, aspiraban a situarlo en la metrópoli histórica. La reacción se manifestó de inmediato en el Continente. Recorrió México, Perú, Uruguay y alcanzó en la Argentina su expresión más radical. La extensión del debate es reveladora de una etapa de creciente complicidad entre intelectuales de nuestra América. Para los cubanos, 1927 señala una fecha clave en nuestro proceso cultural. Fue un momento de particular redefinición de los rasgos específicos de la nación, lo que –aparente paradoja– contribuyó a tender puente hacia los coetáneos que emergían en España agrupados en el homenaje al tricentenario de Góngora. Sobre unos y otros, a ambos lados del Atlántico, el panorama social y la coexistencia de dictaduras, inducen a aguzar la percepción de los problemas políticos y a replantear la responsabilidad de los intelectuales.

Con toda intención, no incluimos el artículo inicial de Carpentier sobre lo real maravilloso utilizado como prólogo en algunas ediciones de El reino de este mundo. Preferimos optar por la meditación más extensa acerca del tema recogido en Tientos y diferencias. El movimiento encabezado originalmente por André Breton resultó uno de los fenómenos culturales de mayor relevancia en el siglo XX. El escritor cubano rechazó algunas de sus expresiones más ingenuas, sobrepasadas por la historia. Colaboró con los disidentes que redactaron Un cadáver; su brevísimo texto en el célebre documento es de una claridad meridiana, muy congruente con las preocupaciones que lo acompañaron a lo largo de su vida: elude los ataques personales y se limita a destacar que el autor de Nadja no mostraba interés por América Latina. Después de la ruptura con el patriarca fundador, además del vínculo duradero con Robert Desnos, sus inquietudes intelectuales coincidirán con aquellos que se entregaron a investigaciones antropológicas. Por iluminar esa vertiente, tan significativa en la obra del narrador, seleccionamos su homenaje póstumo a Paul Rivet.

La poética de un escritor se construye en la paulatina búsqueda de sí, en el modo de precisar la mirada hacia el entorno, en la trasmutación de las vivencias en la relectura de tradición y contemporaneidad, en el replanteo de las interrogantes fundamentales acerca del sentido de la vida y del arte. Entonces, la prosa reflexiva dialoga con una novelística en crecimiento y transformación. En un intercambio con un destinatario bien caracterizado, revela también el coloquio íntimo del perseguidor de América, de su naturaliza, y la necesidad ineludible de intervenir en los debates que han estremecido el planeta.

1 Además de la autora de estas líneas, integraron el equipo Analay Medero Álvarez, Xonia Jiménez López, Armando Raggi Rodríguez, Rafael Rodríguez Beltrán, Yuri Rodríguez González, Natalia Ruiz Galiano y Marilé Ruiz Prado.

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