En el centenario de Salvador Bueno. El pasado ilumina el presente

Olvidado después de su fallecimiento Salvador Bueno vuelve a nosotros en ocasión del centenario de su nacimiento. Se nos revela como uno de los más sistemáticos, persistentes y honestos estudiosos de la literatura cubana. Siguió de cerca desde el primer momento la obra de Alejo Carpentier. Sus textos son un testimonio de indiscutible valor. Por lo que refleja de ambiente de época y de permanente presencia intelectual de Carpentier en su país, rescatamos para nuestros lectores una entrevista publicada en la revista Carteles el 28 de junio de 1959.

Lo que me dijo Alejo Carpentier

Por Salvador Bueno

Desde que me enteré estaba Alejo Carpentier en La Habana hice todo lo posible para entablar esta conversación. Sin embargo, pasaban días y días sin podernos sentar, con relativa paz, a charlar detenidamente. Cuando Alejo llega a La Habana parece que quiere gozar inmediatamente de la atmósfera de esta ciudad. Se da larga e incesantes caminatas por todas sus calles. Se demora aquí y allá contemplando viejos rincones. Quiere ver a este amigo y a aquel otro. Todo como en un vértigo.

Por fin nos ponemos de acuerdo. No reunimos una mañana muy temprano. No porque guste Carpentier de dormir la mañana, sino todo lo contrario. Pues resulta que prefiere levantarse temprano para ir a la piscina, a coger sol y a nadar. Por eso no es de sorprenderse ante su tez quemada por el sol, ni su andar deportivo, ágil.

- ¿Qué destino, Alejo, ha tenido la película sobre tu novela Los pasos perdidos?

- Tú sabes que la iba a hacer Tyrone Power. El script técnico fue confiado a Irving Shaw, a quien se tiene por uno de los mejores adaptadores. En noviembre pasado, el primer estado del script de Shaw fue sometido por Tyrone Power a mi consideración. Lo juzgué satisfactorio, a condición de realizar, en él, ciertas modificaciones de detalles, que Tyrone Power encontró muy acertadas.

- ¿Dónde se iba a filmar?

-Íbamos a comenzar a filmar en la selva venezolana (la Gran Sabana y el territorio de Amazonas) así como en los Andes para el capítulo en que el protagonista encuentra a Rosario. Todo estaba pre­parado para los primeros días del año. En eso ocurrió la muerte de Tyrone Power.

- ¿Qué impresión conservas de él?

- La mejor. Su muerte me causó un hondo pesar, porque Tyrone Power era un hombre de una categoría superior, sumamente culto, que aspiraba a hacer grandes cosas al margen del cine comercial que ya lo estaba cansando sobremanera.

-¿Qué proyectos tenía?

- Según me decía, quería producir películas de una alta calidad ar­tística, sin depender de los criterios de la producción comercial. Que­ría interpretar, en el teatro, obras de Pirandello y de Shakespeare. Conocía admirablemente el teatro moderno. Recibí una última carta de él, de Zaragoza. Ocho días después, moría.

- ¿Y se abandonó el proyecto de hacer Los pasos perdidos?

- No, de ningún modo. Ahora la compañía está en proceso de reorganización. Espero noticias de Ted Richmond, para saber cuándo habrá de efectuarse el inicio de la filmación. En cuanto se refiere a mí y a Irving Shaw debo decir que la compañía cumplió sus compromisos de pagos de derechos, etcétera, desde hace mucho tiempo.

- Pero, también he leído que Luis Buñuel filmará El acoso.

- Así es. Pero ignoro cuándo comienza a trabajar. Buñuel, viejo y admirado amigo mío, y Manuel Barbachano, me anunciaron, hace unos cuatro meses, su intención de filmar El acoso. Desde entonces esa intención fue reiterada numerosas veces por cartas y conversaciones telefónicas entre México y Caracas. Antes de tomar el avión que me trajo a La Habana, recibí un cable de la empresa de Barbachano ha­ciéndome saber que «los contratos estaban listos». Esperaban el re­greso de Buñuel (que está filmando en el Pacífico) para formalizar los compromisos.

- ¿Será reproducido exactamente el momento histórico en que ocu­rre la acción de El acoso?

- Por supuesto. Debo decirte que quiero examinar con sumo cui­dado el libreto a fin de que corresponda totalmente y de modo claro y perceptible a la época en que yo he situado la acción, que no es, de modo alguno, la época actual, puesto que corresponde a otra atmós­fera, a otra tónica, a otra motivación de acontecimientos. Según se ve en el pie de imprenta de la primera edición de El acoso, terminé el libro en 1953, haciendo alusiones a acontecimientos ocurridos du­rante el machadato, e inmediatamente después de la caída de Ma­chado.

- Ahora hablemos de tu labor actual, ¿cuál es tu próxima novela?

- Mi próxima novela, ya terminada, se titulará El siglo de las luces, título que encierra un juego de palabras, por ambivalencia, como ocu­rría con el título de Los pasos perdidos. Es la más larga que yo haya escrito, seiscientas páginas más o menos.

- ¿Dónde transcurre su acción?

- Las dos terceras partes acontecen en La Habana. El resto, en todo el ámbito del Caribe: Islas de Guadalupe, Barbados, Marigalante, Jamaica, el Golfo de Cariaco, Bocas del Orinoco, Salinas de Araya, Golfo de las Perlas, etcétera.

- Inevitablemente, Alejo, tengo que preguntarte por el asunto de esa novela: ¿de qué trata?

- Como ocurre en todas mis novelas es difícil narrar su acción. Digamos simplemente que, en una acción muy apretada, centrada a modo de tragedia en tres únicos personajes, rodeados de multitudes, se enfrentan las apetencias suscitadas por el deseo de poder y el anhelo de saber, con un evidente contrapunteo de la praxis y la sophia.

- ¿Dónde saldrá publicada?

- La edición castellana aparecerá, como de costumbre (es cues­tión de contrato más que de costumbre) en México, en la Compañía General de Ediciones, que acaba de lanzar una nueva edición de Los pasos perdidos. Después seguirá el camino habitual de mis libros anteriores: Gallimard, de París; Gollancz, en Londres; Piper, en Ale­mania; Knopf, en Nueva York; Queridos, en Holanda; Nolit, en Yugoslavia, etcétera.

- ¿Qué honor ‒de los muchos recibidos‒ te ha causado mayor satisfacción?

- El Prix du Meilleur Livre Étranger, para el año 1956, que me fue otorgado en París, por la versión francesa de Los pasos perdidos. Yo era entonces el séptimo escritor de una lista de laureados que in­cluía gente en la cual me sentía, realmente, como suele decirse, «en buena compañía»: Nikos Katzantzakis, Vasco Pratolini, Miguel Ángel Asturias, Par Lagervist... ¿Podía pedirse algo más?

- ¿Está él público europeo preparado para gustar de las obras de autores hispanoamericanos?

- Totalmente. Después de un largo período de indecisión, de des­concierto, de desconfianza ‒¿a qué negarlo?‒, el público europeo se ha convencido de que estamos produciendo algo más que una literatura regionalista, pintoresca o exótica. Roger Caillois, director de la colección La Cruz del Sur, de la Nouvelle Revue Française, de Pa­rís, en la que se incluyen ya tres libros míos, ha realizado en favor de los escritores latinoamericanos, una labor gigantesca... Jorge Luis Borges le debe su actual celebridad en el Viejo Continente. Mucho le deben, igualmente, Gilberto Freyre y Miguel Ángel Asturias. En un artículo reciente, Caillois aseguraba que la literatura hispanoamericana estaba en vísperas de conocer en Europa, una boga en todo semejante a la que favoreció la literatura norteamericana hace trein­ta años.

- ¿Qué me puedes decir sobre el regionalismo y el universalismo en nuestras literaturas?

- Hay mucho, muchísimo, que decir. Yo mismo, apasionado por el tema, acabo de tratarlo en dos conferencias pronunciadas en La Habana. Creo que la literatura meramente regionalista, pintoresca, localista, está destinada a quedarse en casa. Quienes hicieron este tipo de literatura (dejándonos, por lo demás, algunas obras sumamente estimables) cumplieron, en su momento, con una necesaria labor de fijación (fijación de paisajes, de ambientes, de costumbres) que cons­tituía una suerte de labor preparatoria para favorecer la aparición de un tipo de novelista capaz de contemplar lo propio así como lo uni­versal con ojos de latinoamericano.

- Fue, ¿no piensas tú?, cosa de época...

- Claro está. No debe olvidarse, que, hace treinta años, la novela nacionalista respondía a una onda mundial… Error sería creer que el hecho de escribir novelas gauchas, guajiras, de la selva, etcétera, hubiera sido invento nuestro. En la misma época (1920-1930) Raymont ganaba el Nobel por una novela titulada Los campesinos; aparecían Giono y Chamson, en Francia; escribía Knut Hamsun Germinación; estaban de moda las novelas de Panait Istrati. Noso­tros sentimos el paso de la onda nacionalista y respondimos oportu­namente a ella. Pero ha llegado el momento de desprovincializar, de desexotizar la novela hispanoamericana.

- ¿Crees tú que la Revolución Cubana tendrá un influjo inmedia­to en nuestra literatura?

- Enorme. En el sentido de la temática novelesca, por los muchos asuntos admirables que ha puesto en manos de nuestros novelistas. Asuntos que pueden alimentar toda una épica narrativa ‒y recuérde­se que toda gran novela latinoamericana ha sido siempre, en cierto modo, novela épica‒. Además, la Revolución Cubana habrá de ac­tuar en los espíritus generosos, enérgicos, jóvenes, como un admira­ble estimulante para ir hacia la acción, hacia la creación, con ener­gías nuevas dentro del exaltante clima que estamos viviendo… Vivi­mos días de júbilo, de un júbilo que he podido sentir en esta corta permanencia mía en La Habana, con una intensidad extraordinaria, y creo en la energía fecundante del júbilo.

- ¿Qué labores te han traído aquí en este momento?

- Estoy como director del Primer Festival del Libro Cubano, que se iniciará el próximo 31 de agosto, preparando ese acontecimiento que me parece será capital en nuestra cultura. Junto a Manuel Scorza, director general de los Festivales del Libro, que se reunió conmi­go en La Habana, hemos visitado a la doctora Vicentina Antuña, directora general de Cultura, quien nos comunicó que veía con suma simpatía nuestra labor.

- ¿A cuánto ascenderá la edición del Primer Festival Cubano?

- Nada menos que a doscientos cincuenta mil ejemplares. Pero no es para extrañarse. Scorza en los diez festivales que ha ofrecido en Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela ha llegado a editar ¡cuatro millones de ejemplares! Y los autores serán los primeros beneficiados: Rómulo Gallegos recibirá veinticinco mil dólares por sus derechos correspondientes a ediciones hechas por esta organización. En La Habana vamos a instalar ocho stands en los lugares más céntricos, y después saldremos a las provincias.

- ¿Qué obras incluirá este Primer Festival Cubano?

- Incluirá diez libros: 1) Cecilia Valdés, por Cirilo Villaverde; 2) Las mejores prosas de Martí, antología preparada por Jorge Mañach; 3) Poesías completas de Martí, preparada por J. A. Portuondo; 4) Tradiciones cubanas de Alvaro de la Iglesia, primera serie; 5) El pensamiento vivo de Varona, por Félix Lizaso; 6) Los mejores cuen­tistas cubanos, por Salvador Bueno (tomo I); 7) Las mejores poesías cubanas, antología de Cintio Vitier; 8) El reino de este mundo de Carpentier; 9) Los mejores poemas de Nicolás Guillén; y 10) El gallo en el espejo de Enrique Labrador Ruiz.

Me despido de Carpentier. Sigue con sus trabajos, en brega incesante. Volverá de nuevo en agosto para concluir los preparativos del Primer Festival del Libro Cubano. Le deseo los mejores éxitos. Y aquí, en este hotel habanero, queda este escritor cubano cuyas obras han alcanzado renombre universal en versiones aparecidas en los principales idiomas. Toda una perspectiva de nuevos triunfos se abre en el futuro de Alejo Carpentier.

 

Carteles, n.o 40, vol. 26, La Habana, 28 de junio de 1959, pp. 36-37.

 

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