Los misterios de Carpentier. Apuntes biográficos 9

Por Graziella Pogolotti

 

La amenaza de deportación que pendía sobre Carpentier tenía un fundamento cierto. Como sus compañeros del minorismo, su pensamiento había evolucionado rápidamente hasta convertirlo en un intelectual comprometido con su tiempo. Con diferencia de matices, al margen de cualquier militancia partidista, los acontecimientos de la época, influidos por la Revolución de Octubre y por la Revolución Mexicana, por la expansión de las dictaduras a través del continente, por la corrupción imperante, por el dominio del capital extranjero norteamericano y británico, según las zonas geográficas del continente, imponían la necesidad de repensar nuestra América de participar en la transformación de la realidad. A todo ello se añadía la pobreza imperante y la discriminación de las culturas autóctonas de fuerte raigambre popular. En Cuba, la Enmienda Platt conservaba su ominosa presencia. Desde una perspectiva crítica, se manifestaba un pluralismo ideológico. Se entremezclaban las ideas de Haya de la Torre y los acercamientos al marxismo por parte de Julio Antonio Mella y José Carlos Mariátegui. Quizás el denominador común podía reconocerse en una voluntad emancipadora y en la necesidad de romper los ligámenes coloniales que subsistían después de las guerras de independencia. Carpentier había estampado su firma en manifiestos solidarios con fuerte acento político. Su rechazo al gobierno de Machado era evidente, tal y como lo revela un breve mensaje de Alejandro García Caturla pidiendo que estampara su firma en cualquier documento contra la dictadura.

 

Emilio Roig encontró la fórmula para evitar la deportación de Carpentier. Ante su tío, el prestigioso notario Enrique Roig San Martín, la madre del escritor declararía que, con el abandono del padre, se había perdido la partida de nacimiento del joven. Haría constar que Carpentier nació en La Habana el 26 de diciembre de 1904. Tal sería el dato que respaldaría su documentación oficial durante el resto de su vida.

 

El procedimiento no era tan excepcional como parece. Por otras razones, yo también soy portadora de documentos fraudulentos. Al no tener la edad requerida para ingresar en la Universidad, tropezaba con un obstáculo insalvable para proseguir de inmediato la continuidad de mis estudios. Mis padres confesaron ante notario que, por descuido, habían demorado un año en legalizar mi partida de nacimiento. Solucionado el problema, he tenido que seguir cargando con pasaporte y carnet de identidad que me avejentan.

 

Carpentier pudo entonces, reconocida su ciudadanía cubana, pagar la fianza y salir de la cárcel en libertad condicional. Tenía la obligación de presentarse con regularidad a la policía y no podía salir de país.

 

 (Continuará)

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