Los misterios de Carpentier. Apuntes biográficos 4

Por Graziella Pogolotti

 

Tiempo de cambio, los veinte del pasado siglo iniciaron una transformación sustancial del concepto de cultura. Dinamitaron la contraposición heredada entre civilización y barbarie, dominante en países edificados sobre la base del trabajo esclavo. En el caso de Cuba, principal proveedora de azúcar para el mercado mundial, la trata negrera adquirió una envergadura que modificó la composición demográfica de la isla. Sobre los pensadores criollos pesaba un imaginario impregnado por la memoria de la insurrección haitiana. Percibieron como amenaza latente el peligro negro. En ese panorama, se reafirmaba el modelo civilizatorio llegado de Europa. Esa noción persistió en algunos integrantes del grupo minorista. Así lo revela La crisis de la alta cultura en el ensayo clásico de Jorge Mañach.

 

 Privados de sus bienes materiales, transportados en las infrahumanas condiciones de las bodegas de los barcos negreros donde se hacinaban encadenados hombres, mujeres y niños procedentes de distintas culturas, los africanos pudieron preservar la dimensión espiritual de sus mitos y de su música.

 

Al llegar la República, habían transcurrido apenas dos decenios desde la abolición de la esclavitud. La presencia africana nutría buena parte de la tradición popular. Paradójicamente, la independencia mutilada afianzó prejuicios que alentaron una política abierta respecto a la inmigración blanca. Al extremo de alentar campañas de reclutamiento en España e Italia. Se prohibió el desfile de comparsas, expresiones de un folklore ya transculturado. Se satanizaron los rituales yoruba y abakuá. Se confiscaron instrumentos musicales. Se difundió una leyenda negra en torno a los ñáñigos, a quienes se atribuyó falsamente el sacrificio de niños para la práctica de sus cultos. La llamada guerrita de los negros, movimiento promovido por los combatientes mambises Pedro Ivonet y Evaristo Estenoz, sirvió de pretexto para una represión genocida. Todavía hoy se desconocen las cifras de los asesinados.

 

 Los estudios de antropología física, iniciados a finales del siglo XIX comenzaron el rescate de los testimonios materiales de los indígenas que habitaron la isla antes de la llegada de los conquistadores españoles. Una muestra de esos primeros hallazgos se conserva en el Museo Montané de la Universidad de La Habana.

 

Penalista de profesión, discípulo de Lombroso, Fernando Ortiz encaminó sus investigaciones hacia el hampa afrocubana. Pensador preclaro, despojado de prejuicios, sus estudios de campo lo llevaron a modificar radicalmente las hipótesis que le sirvieron de punto de partida. Considerado nuestro segundo descubridor, emprendió su Catauro de cubanismos, reveló paulatinamente los valores de los mitos, la música y la danza afrocubanos. Todo ello  lo condujo a elaborar su teoría de la transculturación. De la antropología física habíamos pasado a la cultural y social.

 

Confluencia milagrosa de una etapa fundacional, de la vanguardia europea procedían aires de renovación musical. A la revelación de Debussy y Ravel sucedió la de Stravinski con su rescate de los valores de la percusión. A la revelación que removió principios estéticos, Carpentier rindió homenaje durante toda su existencia. La consagración de la primavera es el título de la novela que, prescindiendo de lo anecdótico, recoge rasgos de su evolución intelectual.

 

(Continuará)

 

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