Los misterios de Carpentier. Apuntes biográficos 26

Por Graziella Pogolotti

 

Las repercusiones políticas de la Segunda Guerra Mundial favorecieron el acercamiento diplomático entre Cuba y Haití y la consiguiente intensificación del intercambio cultural entre ambos países. Tal y como ha relatado el investigador Emilio Jorge Rodríguez, el poeta Nicolás Guillén estuvo en la avanzada de ese acercamiento. Luego, habría de seguirlo Alejo Carpentier. En algún momento, emprendería viaje el pintor Carlos Enríquez, quien dejó algunas obras por allá y trajo a regreso a Germaine, su tercera esposa, perteneciente a la burguesía mestiza y educada según las normas más convencionales. No pudo adaptarse al ambiente bohemio y el vínculo se rompió rápidamente. Para el narrador cubano, sin embargo, la estancia en Haití constituyó un hito definitivo en el cristalizarse de una cosmovisión que había ido madurando poco a poco.

 

Según el proyecto original, el viaje de Carpentier habría de coincidir con una gira de la Compañía de Louis Jouvet. Llevado al exilio a consecuencia de la guerra, el actor y director francés acababa de presentar una temporada en La Habana, muy exitosa entre las minorías que dominaban el idioma de su país. En el Teatro Auditorium, un público expectante siguió las funciones de su repertorio más conocido. A pesar de su bien reconocida fama, la subsistencia de los exiliados era difícil. Con el abandono de su primera actriz, la Compañía amenazaba con desintegrarse. En lo inmediato, Haití ofrecía una tabla de salvación. Un incidente imprevisto, la cuarentena impuesta al barco que habría de transportarlos, postergó la salida de los teatristas hacia el vecino país.

 

Carpentier desarrolló una intensa labor en Haití, con amplia repercusión en la prensa local. Tuvo contactos con sus colegas, pero sobre todo con el importante pensamiento antropológico que se había desarrollado en la isla, sujeta históricamente al más dramático aislamiento intelectual respecto a la América Latina y aún en sus vínculos con el Caribe colindante. Son las trágicas consecuencias de una herencia colonial, todavía no superada. Conoció las prácticas del vudú y encontró claves de lo real maravilloso en sus visitas a Sans-Souci y a La Ferrière.

 

(Continuará)

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