Los misterios de Carpentier. Apuntes biográficos 15

Por Graziella Pogolotti

 

Alejo permaneció en Europa entre los años 1928 y 1939, interrumpidos apenas por una breve estancia en La Habana. En ese decenio, los acontecimientos evolucionaron rápidamente. La vanguardia pictórica entró en el mercado del arte. Modigliani murió de hambre y tuberculosis, pero Picasso y Matisse obtuvieron el respaldo de los marchands. El fin de la Primera Guerra Mundial, la última de todas, según llegó a pensarse en algún momento, auguraba un tiempo de paz, pero las señales de alarma empezaron a escucharse muy pronto. La intervención extranjera había intentado destruir la naciente Unión Soviética. La revolución sobrevivió, a pesar del hambre y el bloqueo. Para recuperar la economía, Lenin diseñó la Nueva política económica, conocida como NEP, concebida como un paso hacia atrás para avanzar luego dos hacia adelante. Stalin proyectó el impulso acelerado de la industria pesada y estableció en este terreno las bases para la futura competencia con el mundo capitalista. En su ascenso hacia el poder se agudizaron los conflictos con buena parte de los antiguos bolcheviques, mientras la perspectiva internacionalista se subordinaba a la defensa del socialismo en un solo país. Las expresiones más drásticas de ese enfrentamiento ideológico se manifestaron en la ruptura con León Trotski y los llamados juicios de Moscú. En el terreno de la creación artística, se oficializó la doctrina del realismo socialista.

 

Por otra parte, el tratado de paz resultó humillante y empobrecedor para Alemania, donde la República de Weimar nació en condiciones de absoluta precariedad. En Italia y en Alemania comenzaba el ascenso del fascismo. En Francia amagaban los epígonos de esta tendencia con la influencia de Charles Maurras, la aparición de la Acción Francesa, el resurgimiento del ultranacionalismo y el antisemitismo. En ese contexto, la Tercera Internacional cambió la táctica de la lucha de clase contra clase, vigente todavía en Cuba desde la caída de Machado, conducente entonces a restar apoyo al llamado gobierno Grau-Guiteras, por la que propugnaban los frentes populares. En Francia, la victoria de la alianza encabezada por Léon Blum obtuvo un respaldo efímero porque el gobierno no tomó las medidas necesarias para defender a la República española ante la arremetida golpista de Francisco Franco. Junto a la Gran Bretaña, Francia adoptó la supuesta neutralidad, con sucesivas concesiones a la actuación de Hitler en los Sudetes y en España. En el plano político, la conducta asumida por las democracias europeas propició el germen ponzoñoso del derrotismo. Cuando la década estaba a punto de terminar, todo indicaba que una nueva guerra era inminente.

 

 La evolución de los acontecimientos indujo a los intelectuales, mucho antes de que Sartre formulara su teoría del compromiso, a tomar partido. Los primeros síntomas habían estado en el trasfondo de la fractura del movimiento surrealista. Conscientes de sus responsabilidades en tanto participantes de la vida pública y como portadores de opinión, numerosos escritores y artistas tomaron partido. Algunas figuras, como Drieu La Rochelle, se colocaron en la extrema derecha. La gran mayoría adoptó posiciones en el amplio espectro de la izquierda. Antiguo surrealista, autor de Le paysan de Paris, Louis Aragón ocupó lugar prominente en el frente cultural del Partido comunista. Animó la revista Commune, y la Asociación de escritores y artistas revolucionarios (AEAR). Otros adoptaron posiciones radicales, aunque no se comprometieran con una militancia política. El Guernica de Picasso se convirtió en una de las más eficaces denuncias de la barbarie fascista. Esta obra se sumó a la progresiva politización de los intelectuales que inspiró una década antes a Julien Benda La trahison des clercs, libro olvidado hoy, sintomático de los tiempos, que abrió intensos debates en la época.

 

 Carpentier no se mantuvo al margen del acontecer político. El ocaso de Europa, recopilación de artículos publicados en Cuba durante la guerra, evidencia su profundo conocimiento de las entretelas de los hechos que marcaron la época.

 

 (Continuará)

 

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