Los misterios de Carpentier. Apuntes biográficos 14

Por Graziella Pogolotti

 

Las semanas de encarcelamiento en La Habana habían puesto a Carpentier en contacto con el universo marginal, todavía conocido por entonces como “el hampa cubana”. Aunque se mantenía la separación entre presos comunes y políticos, ambos grupos se cruzaban ocasionalmente y en ese ámbito cerrado circulaban leyendas acerca de los personajes más connotados. Para el escritor, la visión de esas capas soterradas de la sociedad se complementaba con la exploración del contexto mágico-religioso realizada junto a los músicos Caturla y Roldán en su empeño por perforar los muros protectores del secreto de los ñáñigos.

 

 Según su testimonio personal, aprovechó el tiempo de reclusión para redactar ¡Écue-Yamba-Ó!, su primera novela. Todo indica, sin embargo, que al viajar a Europa llevaba un boceto inicial de la obra que debió seguir elaborando durante su estancia inicial en París. En carta a su madre, solicitó muy pronto el envío de un ejemplar de Azúcar y población en las Antillas de Ramiro Guerra, libro renovador, por su enfoque socio-económico, de la historiografía del Caribe. En el trasfondo del dramático destino que conduce inevitablemente a la muerte del protagonista, Menegildo Cué, se perfilan las sombras ominosas del central azucarero norteamericano y la desconfianza entre trabajadores cubanos y haitianos, rivales en la obtención de los inestables puestos de trabajo, así como el desplazamiento del pequeño agricultor por la expansión del monopolio extranjero. Con la ilusión de ganar dinero fácil, el personaje escapa hacia la ciudad, ajena y hostil. Habrá de ser atrapado por ella.

 

 La publicación de la obra de Carpentier en España coincide en fecha con la aparición de Pedro Blanco, el negrero, texto fundamental del narrador Lino Novás Calvo. Biografía novelada, con mucho de invención personal por parte del autor, la figura siniestra de Pedro Blanco sintetiza todo el horror de la cacería de hombres emprendida en territorio africano, en medio del conflicto de intereses entre España y la Gran Bretaña, para procurar mano de obra barata al servicio de la industria azucarera en desarrollo. Desde perspectivas diferentes y con resultados desiguales, la puesta en circulación de ambas novelas no es obra de la casualidad. Revela la coincidencia de intereses en la comunidad intelectual cubana de los años treinta, por explorar, ahondando en el pasado y en el presente, la raíz de los problemas que lastraban el desarrollo de la sociedad, tanto como las bases económicas y sociales que sustentaban la continuidad entre colonia y neo-colonia. Carpentier se centraba en la tragedia del subalterno. Novás Calvo se situaba en un costado de la maquinaria opresora.

 

Años más tarde, Carpentier desecharía su novela primigenia. Pero en ella pueden encontrarse células matrices de algunas de sus obsesiones recurrentes. Dueño de un oficio, y, sobre todo, aguzado el punto de vista que trasciende lo local, fijaría otra vez la mirada en el subalterno, el Ti Noel de El reino de este mundo, que padece el destino sin llegar a entender su sentido y apuntaría el espanto ante la ciudad hostil que consume el tiempo de vida de los hombres.

 

 Con la publicación de ¡Écue-Yamba-Ó! y de las estampas de luna, a pesar del intento por introducir en las editoriales francesas una versión de la novela más cercana a las inquietudes del lector europeo, Carpentier estaba cerrando una etapa. El aprendizaje europeo lo llevaría por otros caminos.

 

 (Continuará)

 

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