La última labor de Igor Stravinsky

Igor Stravinsky, el maravilloso compositor  ruso, que desde hace algún tiempo se “permite el lujo” de escandalizar cada año la crítica de París, con unas obras tan geniales como agresivamente modernistas, acaba de estrenar su último “ballet”, titulado Bodas,[1] que es sin duda una de sus concepciones más originales.

Como dice Louis Laloy[2] en el Comedia: “la música de esta obra, que le ha tomado al compositor dos años de trabajo, ha sido concluida en 1917. Su realización instrumental es de lo más reciente. La orquesta acostumbrada ha sido suplida por dos elementos; materias elementales, empleadas aquí como pueden serlo en una construcción el mármol y la madera. Esos dos elementos son: el elemento ‘golpeado’, la percusión confiada a cuatro pianos; y el elemento ‘de soplo’, el canto de las voces humanas”.

Cuando Bodas fue estrenada, un célebre crítico pronunció algunas frases irónicas sobre esta producción: “En esta obra, Igor Stravinsky llena la fosa reservada de costumbre a la orquesta, por una serie de diabólicos percutores. Toda la instrumentación está, si así podemos decirlo, a cargo de una hueste de pianos, de un batallón de címbalos colocados en círculo, y de un xilófono americano; además vemos una serie de crótalos, tambores y panderetas, un tubo de metal, y además los coros y solistas vocales. Un especie de frenesí sacude a todos estos desalmados, sin que ninguno haga con sus instrumentos un empleo exclusivo ni simultáneo”.

Bodas está concebida en forma de cantata. Así como Bach, siguiendo la Biblia, escribía cantatas religiosas, del mismo modo Igor Stravinsky compuso, usando formas arquitectónicas, una cantata profana. Toda ilustración del texto está excluida de la música. Ese texto, establecido por el músico, no comprende relatos, pero múltiples cantos.

Bodas se divide en dos partes[3] y cuatro cuadros:

Primera parte. Primer cuadro; es en la casa de la novia: siguiendo la antigua costumbre eslava, se le hace la trenza a la novia, ceremonia simbólica de estas últimas horas de existencia virginal. Segundo cuadro; en casa del prometido: los parientes y los invitados bendicen al que va a casarse. Tercer cuadro: la novia se despide de sus parientes. Cuarto cuadro: la comida de bodas.

Este argumento de una simplicidad arcaica, tiene por objeto mostrarnos una serie de aspectos de las costumbres de la vieja Rusia pagana. Stravinsky, en muchas de sus obras, demuestra su amor por los temas nacionales, y sus obras maestras La consagración de la primavera y Mavra son como unos maravillosos y pintorescos cuadros de la vida eslava.

Dentro de su singularidad, no se puede imaginar nada más curioso que una obra de Stravinsky. Este maestro hace un uso maravilloso de todos los instrumentos de la orquesta, y saca de ellos los acordes de timbre más isngular. Quien ha podido oír su Sinfonía para instrumentos de viento, tiene una idea bastante justa de la armonía de Stravinsky, y de sus procedimientos para lograr cierta lógica atonalidad. Algunos acordes del compositor ruso parecen a primera vista una desagradable ráfaga de sonidos entremezclados, pero a medida que nos vamos acostumbrando a sus sonoridades y “los oímos desde diferentes distancias”, nos parecen potentes y bellos. Y esto, aunque a primera vista pueda parecer absurdo, es fácilmente explicable: el golpe que damos contra una campana, produce un sonido que oído de cerca, parece la reunión de una serie de vibraciones menores de varias notas no harmonizadas; alejémonos y veremos estas notas fundirse en un conjunto de una hermosa sonoridad que nos dará una nota dominante perfectamente harmónica.

Stravinsky ha estudiado todos estos resortes de la sonoridad y ha logrado con ellos efectos maravillosos. La crítica de París, que con el maestro ruso ha tenido necesariamente que “curarse de espanto”, ha acogido Bodas con grandes exclamaciones de admiración. Parece que la orquesta pianística, cuyos elementos han sido pulsados por artistas como George Auric, dieron vida a una partitura llena de colorido y ritmos inesperados, donde los “percutores” y “soplados” se han unido en una sinfonía sonora y de vastas proporciones.

Alejo Carpentier

La Discusión

Julio 15 de 1923

[1] El estreno parisino de Bodas tuvo lugar el 13 de junio de 1923 en el Théâtre de la Gaîté-Lyrique, esto es, apenas un mes antes de la publicación de este artículo.

[2] Louis Laloy (1874-1944), musicólogo francés, es autor de numerosas obras sobre compositores tales como Eric Satie, Maurice Ravel, Paul Dukas e Igor Stravinsky.

[3] En realidad, la obra se divide en cuatro cuadros. Obsérvese que luego de enunciar una “primera parte”, Carpentier no declara una “segunda parte”.

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