FRAGMENTO DE CARTA A RAYMOND QUENEAU

¿No sería oportuno que desde ahora le envíe un manuscrito [de El acoso] a Caillois?… Pues de aquí a que el libro aparezca en español, por lo menos van a pasar ocho meses. En ese tiempo él podría darme su opinión. Es un libro muy concentrado (120 páginas a máquina) cuya traducción pudiera hacerse con toda rapidez. En todo caso, creo que el tema pudiera resultar bastante novedoso –para no decir insólito– para el público francés, cosa que no debe desdeñarse en una época como la nuestra en la que tantas novelas se parecen. (En esta novela me aproximo por primera vez a lo hablado tema que abordas en tu última carta).

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Te refieres a lo “hablado”. Como te lo había dicho hace algún tiempo, el tema me apasiona y aún no me atrevía a abordarlo en “El reino de este mundo”, ni tampoco en “Los pasos perdidos”. Ahora comienzo a acercarme a esa manera en una novela que está en imprenta en México. Su título es “El acoso”, lo que en español equivale al hecho de acorralar a un hombre.

La idea de esta novela se me ocurrió a partir de un episodio del terrorismo político en La Habana… Hace algunos años un grupo de estudiantes mataron al Presidente del Senado con su arma favorita: un fusil de caza, cargado con un tercio de limalla y dos tercios de perdigones de poco calibre. Pero ese homicidio no era en sí mismo el objetivo que se perseguía. Se trataba de provocar, en el entierro del personaje, una concentración de todos los miembros del gobierno ante el panteón familiar en el cementerio de La Habana –el Presidente de la República pronunciaría el panegírico, como es debido. A esos efectos, algunos compañeros de los ejecutores cavaron una galería subterránea desde las márgenes del río Almendares hasta llegar debajo del panteón. El trabajo había sido tan penoso -a causa de las cloacas y de los cadáveres descompuestos del cementerio chino, bajo el cual era preciso pasar- que había que relevar a la gente cada seis minutos para estimularlos con un brebaje francés que aquí llaman “Poción Jacoud”, y que es una especie de tónico a base de quinina. En el último momento toda la acción se frustró a causa de un chivato. De más está decir que lo mataron unos días después.

Mi novela es la historia de ese chivato. Acorralado una noche, trata de salvarse entrando a una sala de conciertos (el dato es exacto) donde están interpretando la Sinfonía Heroica de Beethoven. Piensa que podrá perderse entre el público y esconderse en un palco, Pero, una vez que termina el concierto, sus perseguidores lo descubren acostado bajo las butacas del palco y “disparan a la alfombra”. Toda la acción dura 46 minutos (el tiempo de ejecución de la Sinfonía Eroica). En total sólo hay tres personajes: el individuo acosado, una puta y el vendedor de boletos para el concierto. Pero, en esta ocasión, he comenzado a utilizar lo hablado.

¿Has hecho el siguiente experimento? Asiste un día en tu casa a una conversación de tus amigos tomando nota de los cambios de tema que tienen lugar durante su conversación organizada acerca de un tema preciso que y verás que: 1) ningún tema alimenta su conversación por más de tres minutos; 2) que los cambios de tema no se producen por analogía, sino por contraste. La última vez que llevé a cabo este experimento –en casa de un médico amigo mío- constaté que, en quince minutos, se había pasado: (1) de la salud; (2) al clima; (3) a los perros de raza; (4) a la música; (5) a la vegetación; (6) los acontecimientos ocurridos en Guatemala; (7) a la ropa femenina; (8) a la televisión; (9) al trabajo del médico; (10) a los males que aquejan a una anciana; (11) a la literatura; (12) a la forma de preparar un soufflé de manzanas, etc. No exagero en lo más mínimo. Haz la experiencia tú mismo. (Lo que pasa es que resulta relativamente difícil mantenerse fuera de una conversación. Pero haz el intento y ya verás).