Fondo bibliográfico y archivos de la fundación Alejo Carpentier

Por Armando Raggi Rodríguez y Rafael Rodríguez Beltrán

La Fundación Alejo Carpentier (en lo adelante FAC), creada en 1993 por la viuda del escritor, es una ONG de orientación cultural cuya vocación esencial es la difusión de la vida y la obra del autor de El siglo de las luces, lo cual se materializa en las siguientes acciones concretas: apoyo a las investigaciones nacionales o extranjeras sobre esa temática, publicación en Cuba y en otros países de la obra conocida e inédita del escritor; organización, conservación y restauración de los fondos bibliográficos y de los archivos así como la difusión cultural general mediante ciclos de conferencias, cursos de postgrado y exposiciones. La FAC cuenta con dos sedes, la inicial, en el municipio Habana Vieja, se encuentra en el palacete que inspirara la descripción de la  casa donde residen los protagonistas cubanos de El siglo de las luces y que fuera concienzudamente restaurada gracias al concurso de la Oficina del Historiador de la Ciudad y aquella donde en la actualidad se halla la presidencia, que es la antigua residencia del novelista y de su esposa, donde esta vivió hasta su fallecimiento, en 2008, y que está situada en la barriada de El Vedado. El sitio oficial de esta institución en la red internacional es www.fundacioncarpentier.cult.cu.

En lo tocante a la difusión a la obra del autor, la FAC mantiene convenios de publicación con editoriales de numerosos países que dan a conocer la obra de nuestro novelista en las más diversas lenguas del mundo. En Cuba la relación más importante se ha establecido con la Editorial Letras Cubanas, del Instituto Cubano del Libro que ha creado la “Biblioteca Alejo Carpentier”, consistente en cuatro colecciones: Edición Crítica, en la que han aparecido hasta el presente ¡Écue-Yamba-Ó! y Concierto Barroco; la Edición popular, que ya cuenta con los volúmenes Guerra del tiempo, El Acoso y El reino de este mundo; Documentos, en la que vieron la luz las Cartas a Toutouche (correspondencia del autor con su madre, Ekaterina Vladímirovna Blagoobrázova, (1928-1939), Crónicas caribeñas (todos los textos carpenterianos sobre esta temática) y el Diario (1951-1957); en la colección Estudios se publicaron las ponencias al coloquio internacional “200/100/50 Alejo Carpentier y la independencias latinoamericanas”, celebrado en La Habana en 2010. Además de estos títulos, la FAC ha auspiciado publicaciones con otras editoriales cubanas, tales como la Editorial del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas (ICAIC), Boloña, Papiro, Abril y el Museo de la Música.

Como ya fue mencionado anteriormente, la FAC apoya de varias formas el estudio de la vida y la obra de este autor (publicaciones en diferentes medios de difusión cubanos, becas, consultas, cursos y coloquios internacionales) pero, sobre todo, facilita la consulta de un considerable fondo documental de primera importancia, que se estructura en bibliografía primaria, bibliografía secundaria, biblioteca personal y archivo.  

En lo que respecta a la bibliografía primaria, la institución cuenta con cerca de 2 000 volúmenes, fundamentalmente en español, pero también están representadas cerca de treinta lenguas, sobre todo en lo tocante a la obra de ficción. Este primer fondo resulta gran trascendencia para el estudio de la historia editorial de las distintas obras de Carpentier; permite cotejar ediciones y contribuye a la elaboración de las ediciones críticas, en las que las variantes editoriales desempeñan un papel preponderante. Una buena parte de estas ediciones está precedida de interesantes prólogos que las enriquecen, ya que en múltiples ocasiones tienen la profundidad de verdaderos ensayos que, sin lugar a dudas, amplían la visión del alcance de la producción del novelista en las más variadas latitudes. Algunos de estos volúmenes contienen paratextos de orden explicativo que los editores han añadido para explicitar personalidades o términos referidos en la obra.

La bibliografía secundaria, que está integrada por libros, revistas y recortería, recoge más de 10 000 entradas que remiten a ensayos, tesis de diferentes grados académicos, artículos, reseñas y crónicas, aparecidas en publicaciones nacionales y extranjeras, sobre todo en español, pero también en francés, inglés, alemán y otros idiomas. Bibliografía de consulta obligada para los estudiosos e investigadores, permite valorar desde los primeros ecos provocados por la obra en cuestión hasta los más elaborados ensayos de reciente difusión. El hecho de que la obra de Carpentier, tanto la de ficción como sus ensayos y artículos periodísticos haya sido y siga siendo estudiada en las más diversas latitudes y desde los más diferentes ángulos, hace que este fondo, siempre creciente, sea prácticamente inagotable. Su concentración en nuestra institución explica por qué especialistas e investigadores nacionales y extranjeros acudan a nosotros en busca de una información lo más completa y actualizada posible, puesto que, como sabemos, nuevas lecturas hacen descubrir facetas en ocasiones inexploradas, de escritores que, como es el caso, crearon un universo literario de indiscutible profundidad. Toda la información al respecto es  actualizada periódicamente en nuestro sitio oficial.   

Por su parte, la biblioteca personal de Carpentier contiene alrededor de 4 500 volúmenes de los cuales cerca de la mitad está en lengua francesa, que como es sabido, fue la de su ambiente familiar inicial. Los restantes volúmenes están mayormente en español a excepción de unos pocos centenares de textos en inglés. Están representados autores y obras desde la más remota antigüedad hasta aquellas que corresponden a la producción más actualizada hasta el fallecimiento de Carpentier. Este fondo tiene particular interés y valor patrimonial debido al hecho de que por una parte hay muchos libros que fueron dedicados por los respectivos escritores, lo que constituye un factor testimonial de las relaciones del autor de El siglo de las luces con intelectuales franceses, latinoamericanos y, por supuesto, cubanos. Pero mucho más importante es que Carpentier dialogaba en cierta medida con los textos que iba leyendo, sobre todo con aquellos que servirían para la producción ensayística y para sus obras de ficción. Este diálogo se traduce en variados indicadores que van desde el simple doblez de una esquina de la página, pasando por el subrayado lateral de todo un párrafo o de alguna palabra, frase u oración, hasta la intervención verbalizada con microtextos manuscritos que apoyan, niegan o modifican el documento original. Como se puede suponer esta información es de vital importancia para el investigador y es, hasta el presente, una de las áreas menos estudiadas de nuestro novelista, dado que se ha puesto al alcance de los especialistas en fecha relativamente cercana. La Fundación conserva también unas 300 partituras así como la discoteca personal del escritor, integrada por unas quinientas placas de vinyl y varias decenas de casettes, que es una fuente importante de información  para los investigadores que centran su atención en la temática musical.

Por último abordaremos con mayor detalle el archivo de Alejo Carpentier. Dada su complejidad y el hecho de que el mismo está sujeto a una legislación vigente acaso sea pertinente delimitar algunas cuestiones técnicas de rigor. La normativa que rige la ciencia archivística en nuestro país es el Decreto Ley no.3 del sistema nacional de gestión documental y archivos de la República de Cuba. Esta Ley, aprobada en el año 2020, derogando una anterior, en su Artículo 9.2 define los documentos de archivo como “el medio en el que se registra o se trasmite información en soportes como papel, digital, fotográfico, fílmico, audiovisual, radiofónico y fonográfico, refleja además el testimonio material realizado por una persona natural o jurídica en el ejercicio de sus funciones o su actividad intelectual, proporciona evidencia de actos y transacciones administrativas y por su valor debe ser objeto de conservación”. Mientras que en el inciso 3 del mismo artículo definen los documentos de valor histórico o permanente como aquellos que “por su significado o su importancia para la dirección del Estado, la soberanía nacional, las actividades científicas, tecnológicas, jurídicas, económicas, políticas, sociales y culturales, así como por sus rasgos externos, se convierten en parte del Patrimonio Documental de la Nación Cubana”. Por su parte el referido Decreto Ley en el Capítulo V Sección Cuarta: De los archivos personales y particulares, en su artículo 56 define los archivos personales como “aquellos que conservan documentos en cualquier tipo de soporte, generados o recibidos por un individuo a lo largo de su existencia.” Por último, se debe destacar que en su Artículo 66.1 el Decreto Ley n.3 señala que “ Los responsables (…) de los archivos de personalidades destacadas en el campo del arte, la ciencia, la literatura y la política garantizan la conservación y facilitan el acceso (…) con interés de investigación.”

El archivo personal de Alejo Carpentier está compuesto aproximadamente por 20 metros lineales de papelería; incluye el conjunto de los textos producidos y recopilados por el novelista en el ejercicio de su labor intelectual, así como sus escritos de tipo más personal. Se conservan documentos de todas las etapas de la vida del escritor, desde su nacimiento en Lausana, Suiza, el 26 de diciembre de 1904, de padre francés y madre rusa, hasta su muerte el 24de abril de 1980 en París, Francia. Se trata de un enorme volumen que abarca todos los grandes períodos de su vida: su instalación en La Habana, Cuba, a partir de los primeros años de la década de 1910, su viaje a México en 1926, su prolongada estancia en Europa, fundamentalmente en Francia (con algunos desplazamientos a Bélgica y a España) entre 1928 y 1939; su regreso a Cuba y su labor en nuestro país entre 1939 y 1945; luego, su residencia en Caracas, Venezuela a partir de ese año y hasta 1959, fecha de su regreso a Cuba, donde permanecerá hasta 1966, cuando se le designa Ministro Consejero de nuestra embajada en París. Se trata de un tesoro de gran heterogeneidad temática que demuestra sus multifacéticos intereses intelectuales y humanísticos.

El fondo se ha integrado a partir de tres fuentes fundamentales. El propio autor y luego su viuda, Andrea Hortencia Esteban Hierro, más conocida como Lilia Carpentier, habían entregado, en distintos momentos, una parte importante de la papelería a la Biblioteca Nacional José Martí (en lo adelante BNJM), al cuidado de la bibliógrafa Araceli García-Carranza. Esta parte del fondo tuvo un enriquecimiento muy especial cuando en 1989 apareció, en el ático de una casa situada en  la campiña francesa, una maleta llena de documentos, que la madre del escritor había dejado al cuidado de unas amigas cuando en 1940 las tropas nazis invadieron Francia.  Otra gran parte se guardaba en la residencia del autor, donde se han localizado textos de la mayor importancia, algunos de los cuales se han dado a conocer en la colección Documentos, de la Biblioteca Alejo Carpentier o en el sitio web de la institución,  y, por último, algunos materiales –muy pocos– se encontraban en la sede original de la Fundación en la Habana Vieja.

Esta unificación trajo aparejado un sinnúmero de dificultades. Primeramente  resultó indispensable realizar un ordenamiento somero de lo descubierto en la casa –que en su mayor parte carecía de una organización– para facilitar su localización posterior. Dicho ordenamiento generó un listado preliminar de lo encontrado. En segundo lugar, se preparó el traslado y la unificación de la papelería que se encontraba en la BNJM, pero que se decidió no unir físicamente con lo encontrado en la residencia, para así respetar el criterio –cuyo fundamento solo podemos presuponer– del autor y de su viuda con relación a lo que se entregaba o no a la BNJM. En tercer lugar, teniendo en cuenta que el fondo que se encontraba en esta última había sido procesado siguiendo una metodología bibliotecológica que era la empleada en el país en el momento de su depósito, se llegó al acuerdo de que al unificar toda la papelería se procesaría la información partiendo de las más novedosas reglamentaciones de la ciencia archivística como la ISAD(G) General International Standard Archival Description y la ISAAR (CPF) International Standard Archival Autorithy Records for Corporate Bodies, Persons and Families aprobadas en el año 2000 y 2004 respectivamente, no obstante lo cual, como ya dijimos, se respetó el ordenamiento físico que traían los documentos de la BNJM, puesto que no se podía obviar totalmente la clasificación que había sido utilizada con anterioridad por innumerables investigadores carpenterianos hasta la fecha de unificación y que aparece con esos criterios clasificatorios en sus tesis, ensayos, artículos y reseñas.

Para emprender esta ingente tarea nos pareció oportuno utilizar una metodología abierta, flexible e individualizada, que tomara en consideración el hecho de que, dado que cada sujeto creador es único e irrepetible, el fondo personal tendría que serlo también en igual medida. Al parecer, el autor nunca se propuso crear un archivo en el sentido estricto del término, sino que el fondo fue conformándose como una abundante  papelería que se acumuló con el decurso del tiempo sin que hubiera más criterio que los intereses e inquietudes intelectuales del autor en un momento determinado. Por lo tanto, el resultado del análisis debía tener la posibilidad de ser readecuado al surgir nuevas aristas o desdoblamientos temáticos importantes.

Luego de realizar el estudio y ordenamiento somero de lo encontrado en la residencia de la viuda de Carpentier (que era, en general, material desconocido o muy poco divulgado), de sumarle los pocos documentos que se encontraban en la sede de la Habana Vieja y de incorporar los depósitos de la BNJM  (lo que, como ya se mencionó, perseguía el objetivo de que los investigadores encontrarían en un solo sitio toda la papelería de este autor existente en nuestro país, conservada y protegida en una sola institución por especialistas dedicados exclusivamente al estudio de su vida y su multifacética obra,) se procedió a realizar un organigrama, a partir del cual se  confeccionaría el Cuadro de Clasificación del fondo, herramienta básica para la organización de toda la papelería.

La búsqueda y el estudio de otras experiencias relacionadas con el ordenamiento de fondos personales de intelectuales de las más variadas procedencias brindaron resultados muy exiguos: los archivistas que habían llevado a cabo esta ardua labor nunca ofrecían al público una metodología explícita de trabajo, dado que, por tratarse de personalidades muy diferentes unas de otras, con una producción peculiar y con disímiles experiencias vitales, cada fondo mostraba una organización sui generis. La mayor parte de la información disponible encontrada correspondió al trabajo con archivos institucionales. Por todo lo anterior, fue más bien el estudio de los materiales encontrados lo que fue estableciendo los parámetros para la realización del mencionado organigrama. No obstante lo anterior, ayudó en cierta medida la información obtenida acerca de la organización de los fondos documentales de otros escritores, promotores culturales, periodistas o musicólogos (dimensiones todas estas relacionadas con la trayectoria intelectual de Alejo Carpentier). Con esas premisas, a las que sumamos el estudio lo más documentado y detallado posible de su vida y teniendo en cuenta el material factual que hemos ido encontrando, se confeccionó el siguiente organigrama:

Como puede apreciarse, el primer bloque de documentos, bajo el rubro identificado como biográficos y familiares incluye dos subseries, los documentos oficiales y los documentos biográficos y familiares. Entre los primeros, se deslindan aquellos referidos a homenajes, medallas, distinciones y premios recibidos por el escritor, así como otros testimonios de su actividad política (desde su implicación en la llamada “Causa comunista” en 1927, hasta su testimonio ante el Tribunal Russell-Sartre contra el genocidio en Vietnam, en 1967) y diplomática (desde su misión como delegado cultural de Cuba en Haití en 1943, hasta su labor como Ministro Consejero para asuntos culturales de la Embajada de Cuba en París, cargo que desempeñó desde 1966 hasta su deceso en 1980). En la segunda subserie se incluyen documentos familiares, tales como títulos de propiedad, pasaportes y otros relacionados con su madre y con su esposa, el expediente académico universitario, documentos médicos y un amplio fondo fotográfico que abarca desde antepasados maternos y paternos hasta aquellas que se realizaron poco antes de su fallecimiento, pasando por sus estancias en Francia y en Venezuela. Cabe destacar que la fototeca incluye las instantáneas que resultaron de sus viajes por la cuenca del Orinoco y un fondo especial constituido por aquellas imágenes que tomara el destacado fotógrafo italiano Paolo Gasparini para la edición del ensayo La ciudad de las columnas.      

El segundo bloque, que hemos denominado Obra, incluye los trabajos creativos en el ámbito de la producción literaria, el periodismo y la obra musicológica de Alejo Carpentier. En el primero de estos tres grupos se conserva la papelería relacionada con la creación de todas sus novelas: ¡Écue-Yamba-O!, El reino de este mundo, El acoso, Los pasos perdidos, El siglo de las luces, El recurso del método, Concierto barroco, La consagración de la primavera y El arpa y la sombra. Es interesante destacar que, por ejemplo, para una novela como El siglo de las luces, que en su versión mecanografiada no excede las quinientas páginas, existe una papelería de unos dos mil folios, entre variantes, notas, correcciones, etc., que resultan de vital importancia para una edición crítica de la obra, en particular para llevar a cabo un estudio genético con todo el rigor necesario. Existen además esbozos, más o menos desarrollados, según los casos, de novelas abandonadas en medio de su redacción, como es el caso, por ejemplo, de ‘El clan disperso’, iniciada en la década de 1940, fragmentos de la cual se insertarían en otras, o ‘El año 59’, que a la larga se incorporó a La consagración… y ‘Verídica historia’, que debía recrear la vida del filósofo y luchador social, yerno de Karl Marx, Pablo (Paul) Lafargue, nacido en la ciudad de Santiago de Cuba y de origen mestizo. Luego vienen los cuentos –en ocasiones, verdaderas noveletas–, de los cuales fueron publicados en vida de Carpentier solamente siete: los tres que forman parte del volumen Guerra del tiempo, esto es “El camino de Santiago”, “Viaje a la semilla” y “Semejante a la noche”; y los otros cuatro, que vieron la luz en momentos diferentes de la vida de su autor: “Oficio de tinieblas”, “Los fugitivos”, “Los advertidos” y “El derecho de asilo”. Algunos otros textos que la crítica identificó con este género y que fueron producidos en muy variados momentos de la vida del autor han visto la luz en publicaciones periódicas y en antologías diversas en calidad de páginas recobradas, pero esto es solo una parte del considerable volumen de textos cuya publicación Carpentier aplazó, que decididamente desechó o que dejó inconclusos. Muchos de estos textos están en espera de un estudio profundo que nos aclare su fecha de creación –en el caso de que no se conozca–, las posibles causas del abandono de que fueron objeto o su inclusión en otras obras de mayor o menor envergadura. 

Otros géneros literarios en los que Carpentier incursionó, aunque en menor medida, son el teatro, del que se conservan mecanuscritos de sus argumentos para los ballets, libretos para óperas y proyectos más o menos desarrollados para la escena teatral. En este conjunto se destacan los mecanuscritos de las versiones francesa y española de La aprendiz de bruja, única muestra de teatro dramático de nuestro novelista, obra que solo llegó a las tablas mucho tiempo después de su fallecimiento. Se conservan igualmente manuscritos y mecanuscritos de poemas que fueron creados y publicados –solo unos pocos– en los primeros años de su prolongada carrera literaria. Por último en este rubro encontramos los documentos originales de una buena parte de su obra ensayística. Los manuscritos y mecanuscritos de los numerosos ensayos que publicó y de las múltiples conferencias que impartió se hayan por el momento en un conjunto único en espera de un estudio que permita un deslinde basado en criterios bien fundamentados de análisis científico de esta producción del novelista, parte de la cual se mantiene todavía hoy inédita.  

Carpentier, según propia declaración, llevaba a un músico dentro de sí. Pero era, sin dudas un musicólogo en toda la extensión de la palabra. De hecho su libro La música en Cuba, publicado inicialmente por el Fondo de Cultura Económica de México en 1946 sigue siendo un texto de referencia para los estudiosos del desarrollo de esa manifestación artística en nuestro país. Teniendo en cuenta esta característica, y el considerable volumen de la papelería relacionada con esta temática, se decidió en este caso considerar la musicología como un rubro temático especial en el que se incluyen –aunque organizativamente bien diferenciados– ensayos, conferencias y notas, reseñas y artículos periodísticos. La música sigue siendo un aspecto que siempre resulta atractivo en el análisis de la obra carpenteriana; si observamos la importancia que numerosos críticos han brindado a este aspecto en su producción de ficción y, por una parte sumamos a esto el volumen de obras musicológicas presentes en su biblioteca y discoteca personales y por otra parte consideramos la papelería que se ha descrito, podemos constatar cuánto hay todavía por investigar en esta, entre otras muchas, facetas del autor.

La producción periodística de Carpentier es de vital importancia, entre otras cosas, para comprender su obra de ficción. Se inició en ese oficio siendo apenas un adolescente y nunca lo abandonó en sus años de madurez. Hasta prácticamente las últimas etapas de su vida siemprereservó un espacio para esta actividad literaria cuya importancia destacó al designar al periodista con el epíteto de “cronista de su tiempo”. La inmensa mayoría de estos trabajos vieron la luz en las más variadas publicaciones de Cuba, Venezuela –entre otros países latinoamericanos– y Francia, pero en nuestro fondo documental se conservan los mecanuscritos de muchos de los originales de esta obra que también está en espera de un estudio concienzudo y detallado. Menos conocida, en cambio, es la producción periodística relacionada con la radio, sobre todo porque el trabajo en este medio tiene determinada inmediatez y suele ser efímero si no se conserva al menos el guión de los temas abordados. El fondo documental conserva algunos de ellos que resultan igualmente ilustrativos de las acciones de difusión cultural en las que siempre estuvo implicado Carpentier.

El tercer gran bloque de documentos está constituido por la abundantísima correspondencia del autor de El siglo de las luces. Como es sabido, este tipo de documento, relacionado siempre con la vida y la obra de una personalidad literaria, constituye una invaluable fuente de información. Por el momento se ha agrupado este conjunto en tres grupos bien delimitados: la correspondencia familiar, en la que se destaca, por su interés para todo investigador de la vida y la obra de Carpentier, la que sostuvo con su madre y que, una vez organizada, traducida y anotada, fuera publicada, como mencionamos más arriba, con el título de Cartas a Toutouche. La correspondencia personal es, como podrá suponerse, abundantísima y en ese conjunto es pertinente señalar en particular la que lo vincula a intelectuales de numerosas latitudes: escritores como el mexicano Carlos Fuentes, el argentino Julio Cortázar, el español Rafael Alberti, el brasilero Jorge Amado, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias o el francés Raymond Queneau; músicos y musicólogos como el italiano Luigi Nono, el austríaco Erich Kleiber, los franceses Pierre Boulez y René Leibowitz y los cubanos Alejandro García Caturla, Julián Orbón y José Ardévol; artistas plásticos como el estadounidense Alex Calder y el cubano Wifredo Lam. Un acápite importante de esta subserie lo constituye la correspondencia del autor con sus traductores, entre los cuales se destaca el abundante intercambio epistolar con René Durand, su traductor al francés; también hay cartas cruzadas con Harriet de Onis, que llevó algunas obras al inglés y Yuri Daskévich, uno de sus más asiduos traductores a la lengua rusa. Esta correspondencia tiene un incalculable valor para los investigadores, pues brinda información de primera mano sobre el discurso carpenteriano, al situarlo en un interesante contraste con otros sistemas lingüísticos.  A lo largo de su vida, Carpentier tuvo diferentes cargos que lo llevaron a desarrollar una interesante correspondencia institucional que, por las personalidades que intervienen en el intercambio, puede resultar altamente enriquecedora desde muchos puntos de vista: nuestro autor no es necesariamente otro cuando aborda temas relacionados con cuestiones derivadas de sus responsabilidades, llamémoslas “administrativas”, ya que muchas veces, en dependencia del tema abordado y del interlocutor, aflora la voz del escritor, del artífice de la lengua, la del hombre eternamente interesado por la temática cultural en su sentido más amplio.

El trabajo con este fondo, determinó la creación de dos series suplementarias, la primera de las cuales hemos denominado magisterio en la que incluimos los documentos que como profesor elaboró para los cursos impartidos en diferentes centros de altos estudios tanto de Cuba como de otros países de América y de Europa y la segunda lleva el título de relaciones con editoriales en la que agrupamosun gran cúmulo de diferentes tipos documentales que han determinado la conformación de expedientes en base a las numerosas casas editoriales de varios continentes que publicaron la obra de Carpentier. Cualquier investigador de la su obra disfrutará del diálogo establecido entre el autor y sus editores para la mejor comprensión de su imaginario.  

Dentro de cada uno de los rubros analizados, la recuperación de la información se puede lograr atendiendo a dos criterios fundamentales en dependencia de los casos: el alfabético, que permite localizar, por ejemplo, nombres propios de personalidades, de obras literarias, etc. y por supuesto, también el cronológico. De manera que el investigador puede localizar fácilmente la temática, la época y los individuos implicados en el tema objeto de investigación.

Aun cuando en líneas generales, esta es la conformación del cuadro, queremos destacar que se trata solo de un proyecto, no una versión definitiva. Se mantiene más o menos uniforme en dependencia de las facilidades de trabajo o no, de las sugerencias de los usuarios de documentos y del avance de los estudios sobre Alejo Carpentier. Se va adecuando y perfeccionando en la medida en que avanza el estudio y procesamiento de la documentación para convertir todo el fondo en  una herramienta útil y fácil de manejar sin necesidad de que el usuario sea un especialista en archivística.

Para la preservación preventiva del fondo documental también se ideó un programa de digitalización, no porque se considere que la versión digitalizada suplante al formato papel, sino porque así se protegen los documentos originales ya que no están sujetos a la manipulación por parte de los investigadores. Esta digitalización, además de ser un factor de primera importancia en cuanto a la conservación documental, tiene, además, la ventaja de promover un aspecto esencial de la ciencia archivística: el referente a la difusión de la información, ya que constituye una estrategia de accesibilidad.

Para que la digitalización brinde los frutos esperados se debe tomar en consideración el aspecto referente a la preservación de la autenticidad e integridad de la información. El cumplimiento de este aspecto de la tarea nos llevó, como en el proceso anterior, a estudiar la bibliografía tanto nacional como internacional. La normativa nacional referente a esta materia es la Resolución 41/2009 del Ministerio de Ciencia, Teconología y Medio Ambiente: “Lineamientos para la conservación de las fuentes documentales”, que define estos procesos pero no estipula cuales son los parámetros a seguir. En cuanto a las pautas internacionales seguidas por otras instituciones afines a la nuestra, luego de su estudio, establecimos una política de escanear los documentos como imagen, con una resolución de 300 dpi y guardarlos como documentos PDF/A, de acuerdo con la ISO 19005-1:2005. En cuanto a las imágenes, se digitalizan a 600 dpi y se archivan en formato TIFF, ya que es el formato que tiene menos nivel de compresión y por lo cual presentan mayor nitidez. A su vez, la conservación de lo digitalizado también planteaba dificultades, por ello, se decidió realizar la salva periódica de la información en discos de DVD y en una unidad de almacenamiento externo.

Una vez organizadas y digitalizadas las series documentales, se realiza el procesamiento archivístico acorde con lo dispuesto por el Sistema Institucional de Archivos de la República de Cuba, y por las anteriormente mencionadas normativas del International Council on Archives y de las Anglo-American Cataloguing Rules. Toda la información es, a su vez, asentada en una planilla para luego ser trasladada a una base de datos y hacer más fácil la búsqueda y consulta de la información.

Pudiera parecer que estos procedimientos proporcionan un exceso de datos de poca utilidad, pero la vida nos demostró que dados el extenso universo creativo e intelectual de Alejo Carpentier y su conocimiento casi enciclopédico, esta clasificación de su fondo documental merecía un trabajo investigativo muy serio en el que las nuevas tecnologías de la comunicación han desempeñado un papel esencial. Y ya se han evidenciado los resultados, ya que la Fundación ha logrado poner a disposición del público en general y muy en particular de los especialistas interesados en la producción de nuestro novelista, obras cuya existencia hubiera sido totalmente imposible sin el trabajo de análisis, clasificación, ordenamiento y conservación de esta papelería, como por ejemplo las ediciones mencionadas al inicio de este artículo, todas ellas profusamente anotadas para facilitar la lectura y contribuir a la formación histórica y literaria de los lectores más jóvenes.  

Otro aspecto de importancia en el que debemos todavía trabajar es el relativo a las condiciones físicas de almacenamiento de todo este fondo. Hubiera sido acaso ideal  mantener la climatización del local utilizado como depósito de archivo. Pero tomando en consideración las características específicas de nuestro clima tropical sometido al paso cíclico de huracanes y otros fenómenos meteorológicos que pueden afectar la continuidad del fluido eléctrico, a veces por más de un día y, por tanto, al no poderse garantizar el funcionamiento perenne del sistema de climatización se decidió utilizar la ventilación natural. La sede de la Fundación se encuentra en una calle alejada de  avenidas de gran tránsito, con una cantidad de árboles en los alrededores actúan como colectores naturales del polvo y de las partículas producidas por la combustión de vehículos automotrices, lo cual favorece también la conservación. Además se realizaron mediciones de humedad relativa y de temperatura en el depósito de documentos, que arrojaron resultados estables de ambos indicadores, ya que las oscilaciones no eran considerables. Gracias a la cercanía de una construcción colindante que actúa como resguardo de la fuerte incidencia de la radiación solar, se garantiza la limitada influencia  de esta sobre los documentos –solo durante los meses de julio y agosto en horas del mediodía, debido al ángulo de los rayos solares, estos inciden sobre una porción del depósito, lo que se resuelve mediante la manipulación oportuna de las persianas del local.   Todo el trabajo anteriormente descrito se encuentra en manos de un reducido número de especialistas, entre investigadores, bibliotecarios y archivista, cuya función fundamental es facilitar al investigador la localización de la información necesaria para la búsqueda científica que realiza. En sus años de existencia la Fundación ha recibido estudiosos de todos los continentes, profesores y estudiantes interesados por la vida y la obra de nuestro escritor. Muchas veces el contacto se ha realizado a través de nuestro sitio web, que se actualiza sistemáticamente, pero también en nuestras sedes, donde, además de facilitarle al interesado la documentación pertinente, se le ofrecen consultas por nuestros especialistas o se le facilitan encuentros con los conocedores de la obra de Carpentier que desarrollan su trabajo en otras instituciones o centros educacionales.

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