El Centenario de Madame Bovary

Madame Bovary, novela de Gustave Flaubert

Madame Bovary, uno de los personajes más famosos de la literatura cumplió cien años de existencia el mes pasado. Su nacimiento, en 1856, se acompañó de un escándalo que, como ocurre siempre, transformó una novela que acaso hubiera tenido menos lectores, en un auténtico best seller.

Por haber paseado a Emma por las calles de Rouen, dentro de un coche cerrado, en compañía de un enamorado caballero, Gustavo Flaubert se vio llevado ante los tribunales; su libro fue calificado de escabroso, de ofensivo para la moral, cuando, en realidad, su acción se resolvía en el cuadro edificante de una mujer arruinada, en cuerpo y espíritu, por sus propias culpas.

El proceso de Madame Bovary planteó, sobre bases razonables, el problema de la inmoralidad en literatura, llegándose a la conclusión de que la pintura de ciertos desvíos no podía ser tachada de complacencia, siempre que su desenlace, lejos de halagar el mal, se acompañara de su condena implícita en un lógico encadenamiento de hechos. 

Pero, a pesar de ello, algunos editores poco escrupulosos se apoderaron del proceso para favorecer la venta de ediciones clandestinas de la novela de Flaubert, que circuló entre nosotros bajo los títulos más absurdos. Recuerdo una de ellas, adornada con una tricromía de color subido, que se nos presentaba como La mujer adúltera, compartiendo vitrinas con las publicaciones más lamentables.

Hoy, después de conocer las novelas de la etapa mal llamada “existencialista”, Madame Bovary nos parece un personaje clásico, infinitamente más apacible que el de una Clitemnestra. Además, para muchos lectores, el personaje del boticario Homais, pedante Perogrullo de provincia, autor de crónicas floridas acerca de las Exposiciones Agropecuarias de la localidad, ateo y defensor de “los inmortales principios del 89”, resulta tan clásico como el de Emma, habiendo pasado a hacerse proverbial. Cuando se dice en Francia; “Fulano es un Monsieur Homais”, queda todo dicho.

Si Madame Bovary es una novela que conserva su encanto, a pesar del tiempo transcurrido; si el cuadro de la boda de Emma, las escenas de la representación de ópera en Rouen, el Concurso Agrícola, la visita a la catedral, el terrible episodio de la operación del lisiado, se sitúan entre las páginas antológicas de la literatura francesa en el siglo xix, confieso que La educación sentimental me resulta una obra de mayor envergadura.

La historia de los amores de Federico Moreau y Madame Arnoux se hace más grata, por su idealismo. Toda una época, con sus convulsiones sociales, sus corrientes de opiniones, sus conflictos, vive en esa novela que nos pinta la crisis –siempre actual– de una generación decepcionada por la trayectoria de las anteriores y que, en contacto con realidades nuevas, aún mal entendidas, se ve llevada a considerarse a sí misma como “una generación sacrificada”.

De no haberse producido un escándalo judicial en torno a Madame Bovary, es probable que (fuera de Salambó, que pertenece a un género muy distinto) La educación sentimental hubiera quedado como la máxima novela realista de Flaubert… Por lo pronto, Emma Bovary acaba de cumplir un siglo de existencia en el mundo de las letras.

Letra y Solfa

El Nacional

Caracas, Venezuela

15 de mayo de 1956.

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