«Día de plácemes para el gremio carpenteriano»

Analay Medero Alvarez

Dos finales para El siglo de las luces y otras indagaciones críticas es el más reciente libro publicado por la Editorial Letras Cubanas en colaboración con la Fundación Alejo Carpentier. Su autora, Luisa Campuzano, cuenta en la nota de advertencia con que abre el volumen que desde su debut, en 1981, «en el mundo de los coloquios y congresos con un trabajo sobre una novela de Alejo Carpentier»,[1] no ha dejado de escribir sobre su obra. Fruto de tantos años consagrados a tal labor son, además del presente, otros títulos suyos como Carpentier: entonces y ahora, de 1997; o las compilaciones Alejo Carpentier: acá y allá y 200 / 100 / 50: Alejo Carpentier, la emancipación y las revoluciones latinoamericanas de 2007 y 2014, respectivamente. En Dos finales para El siglo de las luces y otras indagaciones críticas Campuzano ha reunido nueve textos en los que estudia una parte considerable de la producción carpenteriana desde perspectivas diversas como la crítica genética, la transtextualidad, los estudios clásicos o la retórica de la nueva novela histórica.

El grueso del volumen está constituido por los trabajos relacionados con El siglo de las luces, recogidos en el segundo de los tres capítulos que componen este libro. Las otras dos partes, aunque más variadas, se integran perfectamente al conjunto pues abordan constantes obsesiones de Carpentier que, por supuesto, también se encuentran en El siglo…, a saber: la Historia, las relaciones culturales entre América y Europa, la subversión de las nociones de centro y periferia, el acá y el allá, el entonces y el ahora.

En cierta medida, los textos del primer capítulo preparan el camino para los del segundo pues en ambos se exponen algunos de los procedimientos de que se vale Alejo para revertir la histórica condición subalterna de América con respecto a Europa, tópico que es clave en una obra como El siglo…, «la primera novela hispanoamericana en la que se realiza una lectura de la historia europea desde una perspectiva otra, latinoameri­cana, que a su vez redimensiona, universalizándola, la pro­pia historia de América y, en particular, la del Caribe»,[2] y donde se proclama que todo «lo que hizo la Revolución Francesa en América fue legalizar una Gran Cimarronada que no cesa desde el siglo xvi».[3] En «La Historia a contrapelo: el Descubrimiento y la Conquista según Alejo Carpentier» se analiza el cuestionamiento de la historia oficial en El siglo de las luces, El arpa y la sombra, La aprendiz de bruja y Concierto barroco. Por su parte, en «Traducir América: los códigos clásicos de Alejo Carpentier», Campuzano se remite a un mundo que conoce bien, el de la Antigüedad grecolatina, para examinar cómo las referencias clásicas incluidas en Los pasos perdidos, El acoso, El siglo…, El recurso del método y Concierto barroco se hallan en función de una expresión americana.

Al tema de las referencias grecorromanasvolverá la autora en el siguiente capítulo, en el texto «El siglo de las luces: “tarquinadas y licurguerías” en la Gran Revolución», donde explica que los revolucionarios franceses buscaron sus paradigmas en la Antigüedad y de allí importaron consignas, símbolos, modas. Las manipulaciones de que fue objeto el mundo clásico durante la Revolución francesa dan pie a la fina burla de Alejo en su relectura de esa etapa histórica. Otros trabajos de esta parte del libro nos develan el complejo proceso creativo de El siglo de las luces. Gracias a la detenida revisión de la papelería de Carpentier realizada por Luisa Campuzano conocemos que «El clan disperso», aquella novela de los años 40 que quedó inconclusa, no solo constituye un importante antetexto de El reino de este mundo, su célebre prólogo y Los pasos perdidos, sino también de El siglo…. Algunos de los personajes, motivos y escenarios de esta última ya están esbozados en «El clan…» y en un documento que Alejo tituló «Apuntes para una novela no escrita, primera idea de “El siglo de las luces” // (Material de trabajo) // (hacia 1952)». Asimismo, en el texto que presta parte de su título al volumen: «Dos finales para El siglo de las luces: de “Le roman de Sophie” al triunfo de Goya», Campuzano demuestra, a partir del examen del dossier genético de El siglo…, la correspondencia entre Alejo y René L. Durand, su traductor al francés, o un contrato con Éditions Gallimard, «que la novela no se terminó de escribir en 1958 sino un año después, que continuó siendo retocada, y que el final previsto por su autor, en el que traba­jaba a fines de 1958, fue sustituido por otro inspirado por el triunfo de la Revolución cubana».[4] Las pruebas aquí aportadas parecen definitivas para cerrar la polémica entre los que entienden El siglo… como una ácida crítica al proceso revolucionario cubano y los que ven en ella una muestra de apoyo a dicho proceso. Los cambios de última hora introducidos por Alejo encaminan la novela hacia su final heroico, «final de pueblo en acción, en la calle, en las trincheras, como el que él y su mujer se habían encontrado en La Habana de 1959».[5] Las relaciones transtextuales de El siglo… se retoman en el trabajo que cierra esta parte del libro, donde se ofrece una lectura paralela de la mencionada novela, de Les enfants terribles de Jean Cocteau y del cuento «Il gioco segreto» de la italiana Elsa Morante. Entre estas tres obras hay coincidencias asombrosas, que pudieran deberse, según Campuzano, al hecho de que tanto El siglo…, como «Il gioco…» son deudoras de la novela del francés.

Antes de concluir quisiera referirme brevemente a los trabajos de la tercera parte de Dos finales para El siglo de las luces y otras indagaciones críticas. El primero de ellos es un texto hermoso en el que se mezcla el recuento del destino de El reino de este mundo con el testimonio de la propia autora –lectora de la novela con dieciséis años. Y entre otros temas, se exponen allí los múltiples rechazos editoriales recibidos por El reino…, una obra que más tarde sería considerada precursora de la literatura caribeña y la nueva novela histórica, así como referente de los estudios postcoloniales. En el próximo trabajo Campuzano reconstruye, con minuciosidad detectivesca, la búsqueda que llevó a cabo Carpentier del libreto de la ópera Motezuma de Vivaldi y refiere cómo este hallazgo, en la ciudad de Venecia, lo condujo a modificar el final de Concierto barroco. Para cerrar la autora nos regala un texto que difiere un poco del resto de los que integran este volumen pues en él no se ocupa de la obra de ficción de Carpentier sino de la correspondencia que el novelista enviara a su madre, publicada en el año 2010 bajo el título de Cartas a Toutouche. Sus análisis de estos documentos, en primera instancia concebidos para no trascender el ámbito de lo privado, se enfocan, sobre todo, en cuestiones como la formación de la personalidad de Alejo o la relación entre este y su madre.

Sin ánimos de alargar innecesariamente esta reseña, retomo las palabras que escribí para la nota de contracubierta de Dos finales para El siglo de las luces y otras indagaciones críticas: esta obra de Luisa Campuzano, como la de Carpentier, que constituye su objeto de estudio, es un universo cargado de referencias culturales en el que resulta fascinante adentrarse. «Día es hoy de plácemes»[6] para el gremio de los carpenterianos porque ha salido de imprentas este libro exquisito, que lo es, no solo por el rigor de su contenido, sino también por la belleza de su forma.


[1] Luisa Campuzano: Dos finales para El siglo de las luces y otras indagaciones críticas, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2019, p. 7.

[2] Ibídem, p. 12.

[3] Ibídem, p. 13.

[4] Ibídem, p. 93.

[5] Ibídem, p. 114.

[6] José Martí: Obras completas. Edición crítica. Tomo 2, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2000, p. 105.

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