Concierto Barroco

Para escribir se necesitan letras, palabras, frases, oraciones… todo tipo de categorías gramaticales y sintácticas. Alejo Carpentier ha conseguido convertir signos vacíos en música. Esta novela no se escribió con tinta, se escribió con melodías. El escritor cubano publicó en 1975 Concierto Barroco, título bastante ilustrativo. El argumento es bastante sencillo, un indiano rico viaja con su criado a Italia y ahí son espectadores del estreno de la ópera de Antonio Vivaldi Montezuma. Un argumento sencillo para una novela corta, pero solo superficialmente. Cuando nos introducimos en la lectura se nos abren las puertas hacia un mundo mágico—pero realista—. Carpentier construyó una obra compleja y tremendamente sensorial, el lector debe estar al nivel de al obra. Hay cierto elitismo en esta afirmación, pero Concierto Barroco no es una lectura para cualquiera, el libro demanda un lector perspicaz involucrado en la lectura. El lector ha de ser capaz de entender los cambios de estilo, darse cuenta de los saltos cronológicos y dejarse llevar por una prosa rápida que no describe situaciones sino forma imágenes que nos trasladan a esas situaciones.

La formación musical de Carpentier sobresale a lo largo de toda la narración. Narración repleta de inteligentes referencias, por ejemplo, en el capítulo IV se nos introduce a un Fraile Pelirrojo, el lector se intriga, sólo hay un fraile pelirrojo en la historia musical. En efecto, páginas más adelante ya se nombra al pelirrojo con su nombre, Antonio Vivaldi. O por ejemplo se nos habla en la página 27 de “óperas extrañas, enormes, donde salían dragones, caballos volantes, gnomos y titanes, y hasta sirenas puestas a cantar en el fondo de un río”, no se llega a mencionar, pero el lector apropiado para la novela sabe que se está refiriendo a Wagner y sus obras. No obstante, también hay muchas enumeraciones de elementos musicales dentro de las frecuentes descripciones de situaciones, o más bien formación de imágenes, por desgracia pueden llegar a ser excesivas y convertirse en un alarde de conocimientos musicales vacíos.

El autor juega con el tiempo, la obra transcurre en el siglo XVIII, pero remata en la época del jazz, Filomeno menciona a Stravinski, y sus intervenciones y su tono es más cercano al siglo XX que al XVIII. Se juega con las contradicciones y las antítesis: Europa y América, la música académica y la libertad del jazz, el presente el pasado y el futuro, la realidad y la magia, el orden y el desorden caótico tan barroco.

Se habla de Latinoamérica como una explosión entre culturas, una entidad honesta opuesta al Europa y su vacía magnificencia. Los europeos prefieren exagerar y cambiar toda verdad para crear, el latinoamericano sabe que en la verdad se encuentra lo trascendente. Hay una reivindicación de la cultura americana “¿Y, para usted, la Historia de América no es grande ni respetable?” (p. 33). También vemos el rechazo hacia la idealización y fetizichación hacia la cultura americana con el enfado del indiano hacia el comentario “En América, todo es fábula” (p.33) y se critica la subjetividad historiográfica “De fábulas se alimenta la gran historia” (p. 35).

Vemos el avance de la historia a través de la música, se nos enseñan las diferentes concepciones musicales.

“Esos maestros que llaman avanzados se preocupan tremendamente por saber lo que hicieron los músicas del pasado—y hasta tratan, a veces, de remozar sus estilos. En eso, nosotros somos más modernos” (p.26)

Explica Haendel. En el barroco se busca una ruptura artística con la tradición anterior, la vida y el mundo han cambiado, las artes han de cambiar con ellos. Se enseña el nacimiento de la ópera con una mención a Monteverdi “Buen músico […]pero muy anticuado” (p.25).

Somos testigos de numerosas menciones al concerto grosso género instrumental promovido por Arcangelo Corelli (1653-1713). Sus concertos y su estilo fueron de una influencia e importancia enorme para la época, Vivaldi o Haendel se impregnaron del estilo de Corelli.

En el capitulo V en la vistita de los personajes al Ospedale della Pietà se nos narra un

concierto grosso.

“se instaló el sajón, magistralmente, ante el teclado del órgano, probó el napolitano las voces de un clavicémbalo, subió el Maestro al pódium, agarró un violín. […] Prendido el frenético “allegro” de las setenta mujeres […] Vivaldi arremetió en la sinfonía con fabuloso ímpetu […] Scarlatti […] se largó a hacer vertiginosas escalas en el clavicémbalo, en tanto que Jorge Federico Haendel se entregaba a deslumbrantes variaciones que atropellaban todas las normas del bajo continuo. […] el “fortíssimo” […] pero entre tanto, Filomeno había corrido a las cocinas, trayendo una batería de calderos de cobre, de todos los tamaños, a los que empezó a golpear con cucharas, espumaderas, batidoras, rollos de amasar, tizones, palos de plumeros, con tales ocurrencias de ritmos, de síncopas, de acentos encontrados, que, por espacio de treinta y dos compases lo dejaron solo para que improvisara. […]Todo el mundo arrancó sobre el “Da capo”, con tremebundo impulso, sacando el alma a los violines, oboes, trombones, regales, organillos de palo, violas de gamba, y a cuanto pudiese resonar en la nave, cuyas cristalerías vibraban, en lo alto, como estremecidas por un escándalo del cielo”

En este fragmento encontramos un concerto grosso sin sus tres usuales partes: rápido- lento-rápido. Aquí encontramos un rápido-mucho más rápido y la vuelta al rápido inicial con el “Da capo”. Además, vemos también los elementos del concerto: el “bajo continuo”, típicamente barroco que constituía una especie de base armónica, que dialogaba con un pequeño grupo de solistas llamado concertino, con normalmente dos violines y un violoncello, y otro grupo más grande llamado ripieno formado por violines primeros y segundos, violas, violoncellos y contrabajos.

estamos en una novela fantástica escrita por un musicólogo, como ya comprobamos a lo largo de la lectura, bien formado. Por ende, el sabe que con Vivaldi se establece la estandarización definitiva del concerto que consta de tres movimientos, el primero rara vez lento; busca melodías innovadoras y los contrastes armónicos; introduce los temas del solista, desarrolla enormemente el virtuoso solístico—el solo de Filomeno—también con la presencia de una agrupación coral femenina vemos como en el barroco tardío, a diferencia de lo que ocurría en el barroco temprano, la música vocal se comporta como un instrumento más, poco a poco se irá consumando en el bel canto.

En el fragmento encontramos muchos más instrumentos y participantes, consta destacar los “oboes” y “trombones” ya que fueron introducidos por Haendel quien expandió el ripieno.

Pero, aunque se relate una obra barroca, este concerto padece de cierta cercanía con una moderna jam sesion de músicos de jazz. Esto se encarna perfectamente en Filomeno y sus aportaciones en el concerto, el jazz es una música basada en la improvisación, hay notas tenidas. Como el blues, nace de las melodías que cantaban los esclavos negros durante sus largas horas de trabajo en las plantaciones de algodón. Es una música que nace de la tierra, una música que mama de los ritmos africanos y o latinos interpretada por criollos y nativos.

Tal y como la cultura americana es una música de eclécticas influencias que tiene la necesidad de auto reafirmarse. Tal y como encarna Filomeno y se refleja en su aprendizaje a lo largo del viaje sobre música, el jazz y la música americana es una mezcla de lo tradicional con la modernidad. Europa es solo una modernidad vacía, la música se enriquece con los ritmos tradicionales y sus instrumentos, y sus danzas, y sus cantos. Lo contrario es lo que hace Vivaldi que intenta erradicar todo rastro de América de su obra.

Se antagoniza la música de Filomeno, que aparece siempre en situaciones un tanto secundarias o de descanso, personificada por un esclavo negro, con instrumentos un tanto toscos e interpretada por personajes con poco estatus social. Con aquella interpretada en Italia. El indiano rechaza las coplas populares cantadas por el Francisquillo y le insta a cantar melodías italianas. Pero al final de la obra, el indiano recapacita junto a Filomeno, ambos asqueados e indignados por culpa de los europeos y comportamiento.

La novela termina con Filomeno de camino a un concierto de Satchmo, Louis Armstrong, famoso virtuoso trompetista del siglo XX. La ciudad se torna fría, pero se llena de luces eléctricas y ya no hay más melodías de tambores y maracas, solo versos en inglés.

Concierto Barroco es un viaje por el tiempo y por la música. Nos guía por la evolución de las formas musicales, terminado en un momento contemporáneo al autor donde, como en el jazz, hay una conjunción cultural. Tal y como expresa Cristian Montes en su Música e identidad en la novela concierto Barroco de Alejo Carpentier: “El Concierto de Amstrong representa una forma de síntesis donde es convocada la totalidad de la experiencia musical”.

Por Clara Permuy Pérez

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