OBRAS FAMOSAS: Pasión y Muerte de Miguel Servet de POMPEYO GENER

Esta obra de Pompeyo Gener es un “tour de force”. Ha conseguido en ella, el darnos una idea tan perfecta del carácter de su héroe que nos parece haberle visto; describir toda una vida de sabio sin que esta tenga el sabor de la monótona biografía, llena de prejuicios; y en fin hacer un estudio conciso y fuerte sobre los descubrimientos del insigne Vilanova, el reinado nefasto del Calvario y el movimiento intelectual en que vivían sin incurrir en la monotonía propia de los autores “que hacen historia”.

 

Consta de dos partes; la primera es la vida de Servet, relatada en forma de novela; pero novela en que, hasta las conversaciones son textualmente históricas. La segunda es un apéndice que contiene documentos sobre las ideas del médico español y el carácter del peligroso demente que fue Calvino.

 

La vida de Servet es interesante del principio al fin; es el verdadero prototipo de la existencia de un sabio en el renacimiento. Aragonés de origen (1509); desde niño fue extraordinariamente apegado al estudio y siendo muy joven aún leía los textos sagrados encerrados en la biblioteca del monasterio de Sixena. Comenzó sus estudios en Barcelona y los continuó en Tolosa. Allí se afirmó en su teoría, tan discutida por los calvinistas de que la Belleza y la Virtud eran aliadas en el pensamiento libre o sea que la ciencia es el coronamiento del alma humana, la irradiación del Espíritu Santo. Viajó; estuvo en Italia, Piamonte y Alemania y empezó a profesar ideas de un atrevimiento enorme para su época; no quería aceptar el yugo del Dios de Israel, la Biblia le parecía un estudio ilógico; no admitía la posibilidad de un Dios que existía para una raza y no para todas. Expuso sus teorías en una obra titulada Los errores de la Trinidad, que con dificultad logró editar en Alsacia. Esta obra provocó tal escándalo entre los luteranos y teólogos en general, que amenazado de muerte por Gerbel y Swiglio tuvo que irse a Francia no sin haber publicado dos libros más, para sostener sus opiniones. Francia, fuese a Lyon llamada en la ´época “La Roma de las ideas”. Con el nombre de Villanova comenzó a trabajar en una imprenta rectificando con tanto acierto una edición de la Geografía de Tolomeo, que empezó a hacerse notar. Se mezcló entonces al mundo de humanistas y filósofos residentes en esa villa, entre los cuales estaba el gran Rabelais y prosiguió sus estudios dedicándose sobre todo a leer a Zoroastro, Platón y el Corán. Se hizo médico y se trasladó a París, donde concibió una completa idea del mecanismo de circulación de la sangre. Trabó amistad con Monseñor Paumier, arzobispo de Viena, que lo agregó a su séquito y lo llevó a esta ciudad; allí escribió su obra capital el Restitutio Christianismi cuya publicación tuvo una importancia enorme en su vida. Comenzó a sostener comercio epistolar con Calvino, exponiéndole sus ideas; pero este último era un ser completamente opuesto a Servet como carácter. Fundador de una secta pasada en los tristes rozamientos, ejercía en Ginebra una especie de autocracia espiritual con ayuda de una turba de fanáticos partidarios. Toda alegría merecía castigo a su punto de vista. Se recuerdan penalidades tristes y grotescas impuestas por él durante su reinado: a dos novios, por haberse besado, los colgó cabeza abajo de una picota; a un joven por haber escrito versos, tantos azotes como rimas tenía su poesía, etc.; castigaba la risa, el canto, la belleza; todo lo que eran manifestaciones de Vida.

 

Se comprende el escándalo que causaría a este cerebro estrecho las ideas hermosas y libres de Servet. Por medio de intrigas consiguió se acusase al médico de herejía e hizo su situación tan intolerable en Viena, que le obligó a fugarse.

Penetró en el ducado de Saboya y vivió un tiempo en la abadía de Belrive, cariñosamente hospedado por la abadesa Isabel de Salmoy, mujer intelectual bella y buena. Desoyendo los consejos de sus amigos, decidió marcharse a Italia pasando por Ginebra sin temor a la amenaza de Calvino: “que si entraba en su ciudad no saldría de ella con vida.” Se hospedó en esta población con el nombre de Villamonti, médico del Duque de Milán en una hostería llamada La Rosa. Al poco tiempo de estar en Ginebra se esparció por la ciudad la noticia de que había llegado un gran médico que hacía curas maravillosas; y el 13 de agosto de 1553 Servet fue preso por orden de Calvino.

 

Los trámites del juicio fueron borrascosos. Servet no quería abjurar; repetía constantemente: mis ideas no son errores –y fulminaba al tribunal con la lógica de sus respuestas. Mientras tanto, sus amigos laboraban por su salvación. Era un sábado y contaban con dos días para pedir el apoyo del Duque de Saboya, ya que, según la ley, en domingos no podían hacerse ejecuciones criminales. Calvino, viendo que si esperaba no lograría acabar con su enemigo, saltó por encima de la ley, promulgó un “Salus Populi”; en despecho del Gran Consejo de la República, lo que era un verdadero golpe de estado y a la mañana siguiente Miguel Servet fue quemado cerca de Ginebra en el llano de Campel.

 

Los últimos momentos del ilustre descubridor de la circulación de la sangre, que sorprendió al Renacimiento con sus ideas nuevas, tuvieron una simplicidad y grandeza socrática. Marchó al suplicio con la frente alta y proclamando sus opiniones, repartiendo entre los pobres que hallaba en su camino, las pocas prendas que le quedaban.

 

“Y durante mucho tiempo, según aseguran las buenas gentes del campo, el último ¡ay! de Servet se oyó en el mugir del viento repitiéndolo el eco lejano de los Alpes de montaña en montaña.

Tal es el contenido de la primera parte de la magistral obra de Pompeyo Gener.

 

  1. F. CARPENTIER

 

La Discusión

23 de noviembre de 1922

 

 

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