La carta perdida del tataranieto de Victor Hugues: una curiosidad literaria

Por: Elizabeth Mirabal

 

Finalizaba el año 1955, cuando Alejo Carpentier y su esposa Lilia Esteban tuvieron que hacer una escala en la isla de Guadalupe. Lo que estaba concebido como una parada técnica de una hora, se transformó, tras la rotura de una hélice del avión que los llevaba a París, en una estancia involuntaria que duraría una semana.

 


En alguna de las noches de aquellos siete días de paseos y descubrimientos por la isla caribeña, el escritor terminó en un restaurante ubicado en la Ensenada del Gozier. El dueño del lugar era un “apasionado de la historia de Guadalupe” llamado Mario Petroluzzi. Durante una conferencia ofrecida en la Universidad Central de Venezuela en 1975, Carpentier evocaría el encuentro:

 

 …al saber que yo era escritor se sentó en la mesa, nos hicimos amigos y me dijo: “Sabe usted que aquí en esta isla actuó un amigo de Robespierre llamado Victor Hugues, que es un personaje absolutamente extraordinario y casi desconocido por los historiadores franceses.” Hay un solo libro que se refiere a él, uno de Sainte Croix de la Ronciere que se titula Sur la route des Caravalles, del que me dejó tomar algunas notas y que trataba del personaje de Victor Hugues. Luego, me dijo él: “Yo tengo documentos manuscritos de los cuales podría suministrarle una copia, donde hay cosas de interés enorme. Por ejemplo, el número de buques que le tomó Victor Hugues a los norteamericanos, el nombre de los buques, el nombre de los capitanes y tripulantes, quiénes eran los colaboradores de Victor Hugues, quiénes trabajaban con él…”

 

El personaje fascinó a Carpentier, porque según confesara, respondía a una vieja aspiración: traer personajes europeos a América o llevar americanos a Europa. Victor Hugues se prefiguraba como el ideal para tal propósito porque se trataba de un personaje histórico “pero no demasiado”, “protagonista de una acción secundaria pero significativa” con “las ventajas de la verosimilitud, y un margen de libertad para no verlo”.   
Con los datos obtenidos tras las pesquisas en el fichero del historiador Pierre Vitoux y otros enviados por Petroluzzi, Carpentier, una vez de regreso a Venezuela, comenzó a escribir una novela.

 


Hacía poco más de un año que había sido publicada El siglo de las luces, cuando recibió una carta fechada en Niza y firmada por Louis de Saint-Quintin, el tataranieto del real Victor Hugues. En entrevistas, Carpentier aludió varias veces a esta epístola, revelando de forma oral, parte de su contenido. Para los especialistas de la Fundación, fue grata, y sobre todo curiosa, la sorpresa al encontrar entre su papelería la breve carta enviada por el descendiente a quien había rescatado a su “ancestro fuera de serie” del olvido.

 


A continuación, nos complace reproducir la misiva en su versión íntegra. La traducción corrió a cargo de Rafael Rodríguez Beltrán, cuyo empeño riguroso agradece esta nota.

 


Estamos seguros de que la carta constituye una auténtica curiosidad literaria que los lectores de Carpentier, y sobre todo, los que han conocido la vida y obra del aventurero Hugues a través de las páginas de El siglo de las luces –probable hijo de panadero marsellés, libertador de la isla de Guadalupe y difusor allí de las ideas de la Revolución Francesa– recibirán de buen grado.

 


LOUIS DE ST-QUINTIN

7, RAUBA CAPEU – NICE

 

Niza, 25 de septiembre de 1963
Al Señor Alejo Carpentier

 


Querido Señor,
Acabo de leer –en traducción al francés– su libro “EL SIGLO DE LAS LUCES”, que había abierto con cierta inquietud, a sabiendas de que una de las figuras centrales de la novela es Víctor Hughes, el bisabuelo de mi padre.

 


Me alegra decirle que el Víctor Hughes que usted evoca, con todo su ardiente patriotismo, su fe en la grandeza de su misión, su energía indomable –y también el rigor despiadado de su autoridad–, se corresponde exactamente con lo que los archivos familiares nos informan sobre él.

 


¿Sería demasiado indiscreto preguntarle en qué fuentes obtuvo usted tan buena documentación?, pues tal vez encontremos en ella algunos detalles interesantes que pudieran completar la imagen que nos hacemos de este ancestro fuera de serie.
Le agradezco con toda sinceridad por anticipado que me brinde esa información y, al mismo tiempo que le manifiesto mi más efusiva felicitación por su penetrante y vívido estudio del idealismo revolucionario –con la elevación de la fiebre, su paroxismo y su caída–, le ruego que  reciba mi saludo más cordial.

 


Louis de Saint-Quintin
 

P.S. Infelizmente, no contamos con ninguna correspondencia privada de Víctor Hughes, que nos permitiera penetrar en la dura coraza del hombre público. Pero me agrada suponer que la rigidez de su carácter no excluía determinada sensibilidad. Por ello le agradezco que en la novela usted lo presente como un joven culto y simpático. Me place  imaginarlo así.

 


VÍCTOR HUGHES1
Contrae matrimonio en 1797 con
Marie-Anne Angélique JACQUIN ;
Fruto de este matrimonio nacieron tres hijas
Entre las cuales se encontraba
Cornélie HUGHES, que contrae matrimonio con Ferdinand RONMY
Y cuya hija, Victorine RONMY contrae matrimonio con Afred de Saint-Quintin
(mi abuelo)

 

Mecanuscrito en hoja aparte. Alejo Carpentier escribe en el margen superior derecho de esta página lo siguiente: “Carta del nieto de Víctor Hughes”. Y al extremo de una flecha que señala el apellido de Víctor Hughes escribe: “Ortografía exacta del apellido”.

 

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